Anudar recuerdos con otros recuerdos gracias al hilo de una obstinación inquebrantable por la verdad. Cristina Zuker –la pequeña mujer que continúa descorriendo velos– acaba de reeditar El tren de la victoria. La saga de los Zuker (Del Nuevo Extremo), que contiene un nuevo capítulo –seguramente provisorio– a modo de epílogo de esta crónica familiar y política con los ingredientes de una “tragedia” generacional –exilio, regreso y muerte– sobre el telón de fondo de la última dictadura militar. Su hermano, Ricardo, Pato o el Patito –como lo conocieron sus compañeros de militancia de las UES y en la JUP de Derecho– fue secuestrado el 29 de febrero de 1980 durante una cita en las inmediaciones de la estación Plaza Miserere junto a su mujer, Marta Libenson. Ambos integraban la Contraofensiva montonera. Estaban convencidos de que debían luchar contra la dictadura. Cargaban sobre sus espaldas con la pesada mochila de los compañeros muertos. Los llevaron a El Campito, el centro clandestino de Campo de Mayo. Los fusilaron unos meses después, en diciembre.
Han pasado siete años desde la publicación de esta obra indispensable para comprender los pormenores de esa época de exterminio y derrota. Después de las lecturas y repercusiones, el teléfono del departamento de Cristina trajo nuevos testimonios. El Lolo la llamó para contarle que había visto a Pato. Viajaron juntos en el mismo micro de San Pablo (Brasil) hasta Retiro. Fue el último en ver a Ricardo “antes de ingresar en el país del nunca jamás”, recuerda su hermana en el epílogo titulado “Treinta años después”.
Treinta años después de la desaparición de Ricardo se presenta la reedición de El tren de la victoria hoy a las 19 con Horacio González, Eduardo Jozami y Pepe Calcagno en la Biblioteca Nacional (Agüero 2502). Y casi treinta años después volvió a sonar el teléfono. Una mujer quería hablar con Cristina. Tenía una historia para contarle. La única condición que puso fue que su nombre no trascendiera. Esa mujer tenía doce años a fines de los ’70. Su madre había sido pareja del militar Roberto Neri Madrid, que perteneció a la Caballería y trabajó en Campo de Mayo. Era un tipo que bebía mucho, una bestia sanguinaria que supuestamente se pegó un tiro en los ’90. “A veces caía con cosas: con documentaciones ocultas, pero a mí nunca me las dejaba ver –reproduce Zuker el relato de esa mujer–. Una vez mi mamá me mostró una, que tenía la fotografía de tu hermano, contándome que era el hijo del actor, ‘el Patito Zuker’. Estaba oculta en uno de esos ceniceros de doble fondo que había por esas épocas. Vi otros documentos de identidad, pero nunca supe a quiénes pertenecían. Recién cuando se emborrachaba, decía que todas esas cosas eran de subversivos que habían entrado desde Brasil, y que los tenían bien guardados.”
La madre y la hija declararon en el primer juicio que se llevó a cabo después de la anulación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. “Tuvieron que vencer el terror de presentarse a declarar, estar ante el juez (Ariel) Lijo, contar las dos una historia patética de castigo, de maltrato, de violencia. Tuvieron que huir de la casa de Madrid, se llevaron lo puesto. Pero pudieron vencer ese miedo irracional que queda del castigador, aunque él se haya suicidado”, subraya Zuker.
–¿Qué reflexión puede hacer de lo que significa el testimonio de estas mujeres?
–Todavía hay mucha gente callada y con miedo. El pacto de silencio se trasladó a ámbitos más amplios que la casta militar. Frente a los juicios que en este momento se están llevando a cabo –ESMA, Córdoba, El Vesubio– deberían aparecer más testimonios, así como aparecieron estas dos mujeres. ¿Cuántos más podrían hablar? Mientras vivió mi padre tenía la esperanza de que alguien se acercara para contarle algo. Pero no ocurrió; era más fácil por haber sido un actor popular, porque no era tan difícil localizarlo, trabajaba en teatros, en canales de televisión. Nunca apareció nadie que pudiera aportar datos sobre mi hermano. Fue muy fuerte para mí presenciar esos testimonios, sobre todo el de las dos mujeres. Sentí un poco de pudor porque ellas estaban desnudando un aspecto de la intimidad de sus vidas con ese hombre de una violencia demencial. La hija me decía que estaba súper tranquila antes de declarar, pero tenía miedo por cómo iba a reaccionar su madre. Sin embargo, cuando declaró, temblaba como una hoja, se puso a llorar; la madre, en cambio, tenía una serenidad enorme cuando se refería a esa situación de violencia de la que habían sido víctimas. Hay mucha gente que no habló, que no habla. Y que prefiere no hablar.
–Ante esa decisión de no hablar, ¿qué se puede hacer?
–Lamentablemente ese pacto de silencio es inalterable. Cuando escuchás a Menéndez o a Videla ratificando lo que hicieron, te das cuenta de que hay una muralla muy difícil de trasponer. Ahí estuvo el “acierto”: en comprometer a todos, en conformar una suerte de corporación del crimen que incluía sin duda a las mujeres de los marinos. ¿Acaso esas mujeres no sabían que existía la ESMA? Sí que lo sabían. Y se hacían las tontas; algo que suelen hacer mucho las mujeres. Y más las mujeres de militares. En el caso de que pueda aparecer gente que se anime a hablar, sería más bien la excepción que la regla. En el final del libro planteo que la mayoría de los agentes civiles de inteligencia, que se infiltraban en fábricas, organizaciones sociales y facultades, siguen en el anonimato.
Cristina le pasa facturas a la conducción montonera. Le cuestiona una falta de visión política, la precariedad intelectual, el autoritarismo y la soberbia. “Lo que tengo siempre muy claro es que a mi hermano lo mató el Ejército. No los sobrevivientes de la conducción –aclara–. Cuando uno lee a Primo Levi, cuando lee Los hundidos y los salvados, cuando se instala en ese infierno a través de la lectura, debe volverse más generoso con el sobreviviente. Yo hice una investigación sobre Norma Arrostito en la ESMA y estuve con todo el ministaff, un grupo de ex montoneros más cercanos a los torturadores. Me contaba uno de ellos, Caín, que en un momento salió una compañera y le dijo: “¿Sabés qué hice? Entregué a Norma Arrostito”. Entregó a Norma Arrostito pero al día siguiente la trasladaron. Era una ruleta; habiendo entregado a una figura como Arrostito tal vez aspiraba a vivir. Pero no vivió”.
–¿Por qué cree que Firmenich no se hace cargo de la parte que le corresponde en esta historia?
–El paso a la clandestinidad de Montoneros empezó a marcar la masacre. Firmenich tiene mucho más responsabilidad que la que le corresponde sólo por la Contraofensiva. Con la Contraofensiva puso la música de la derrota, hizo un cierre casi operístico. Firmenich es lo suficientemente soberbio como para eludir asumir su parte en esta historia. Los militantes que se sumaron a la Contraofensiva estaban muy debilitados en el exilio. Muchos arrastraban otras muertes, como mi hermano con la muerte de nuestra madre, y no habían logrado insertarse. Y ellos fueron carne de cañón. La aventura de la Contraofensiva tiene tantos detalles que si uno los analiza minuciosamente son inverosímiles, como que el entrenamiento militar se haya realizado en el Líbano. ¿Por qué en el Líbano? ¿Qué situación se jugaba en el Líbano que se asimilaba a la que iban a encontrar aquí? Por todo esto tuve la tenacidad de reeditar el libro. No tengo ningún otro tipo de apetencia más que sostener permanentemente el recuerdo de mi hermano.
Página 12
Escribir en plena libertad, sin mordazas, disfrutando de la creación. Que las palabras puedan jugar entre ellas, aunque vayan a decirnos las penas.
miércoles, 8 de septiembre de 2010
Mi equipo, mi magia (escrito el 22 de agosto)
Son las tres y media de la madrugada y vuelvo de la madrugada. Estoy contento, inquieto, tengo ganas de contarle al sueño que atrapé despierto una de sus aventuras. Antes de dormirme debo decir que una de mis felicidades es feliz. Defensores está feliz. Es que juega casi como los misteriosos dioses que me envolverán dentro de un rato. Mi querido Defe por momentos tiene magia, encanto, canto, y cuando se le cansan las virtudes se arremanga y se tira a los pies del rival como si pelear una pelota fuera lo último que quedara.
Es un sueño con los ojos bien abiertos gritar el ole, ole, después de tanto, será desde de la época del Gaby Pereyra, o será de antes, con el ascenso al Nacional con Cochas y Gómez Barroche, o será de cuando estuvimos por ascender a Primera con Ronci, Galbán y Arbelo.
Hacía bastante tiempo que no veía la abrumadora superioridad de un equipo sobre otro, como ocurrió con Defensores ante un asombrado Almagro en el primer tiempo. Defensores no deja imaginar nada al contrario, es un mala leche, un aguafiestas, tiene cero onda con el rival porque le afana toda idea, se la rompe, y con esa obsesión que tiene de quedarse con la pelota, cuando la consigue la acaricia de aquí para allá y sino mete el estiletazo para el Bello Despierto Giménez, que baja todas, o cabecea todas, o hace lo que puede pero siempre jode a los rivales. Ayer pasó que pelotas que tenían dominadas los defensores contrarios, las perdían finalmente con el Tanque de puro susto nomás de cómo se les venía.
No voy a calificar esta vez (los números son inciertos), pero me permito hacer algunas consideraciones. Me parece que Defensores es así: estudia al rival hasta el cuarto de hora; después pone en marcha sus deseos, y tritura. En la primera parte de hoy apenas fue un gol. Pero su dominio fue un escándalo.
Sobró o se relajó al principio del arranque, y Almagro se vino con lo que pudo. Fueron casi 20 minutos de inquietud. La blasfemia mayor a la justicia hubiera sido un empate del visitante de José Ingenieros. Pero Della Picca, hizo, como nunca antes, tres cambios seguidos. Decíamos en la Techada que hacía falta alguien con buen pie para volver a manejar el ritmo del partido. Y entraron “Redondo” Sommariva, “Vaselina” Becica, y se dio el debut del “Maguito”González. ¡Tres pares de buenos pies! Se acabó el partido. Apareció el ole, y el segundo gol y la resolución de la jornada.
Los que entran mejoran; al fin después de tanto hay recambio y hambre, y nobleza por ganarse el salario en la cancha. Y los hinchas estamos felices… Aún en la madrugada.
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Es un sueño con los ojos bien abiertos gritar el ole, ole, después de tanto, será desde de la época del Gaby Pereyra, o será de antes, con el ascenso al Nacional con Cochas y Gómez Barroche, o será de cuando estuvimos por ascender a Primera con Ronci, Galbán y Arbelo.
Hacía bastante tiempo que no veía la abrumadora superioridad de un equipo sobre otro, como ocurrió con Defensores ante un asombrado Almagro en el primer tiempo. Defensores no deja imaginar nada al contrario, es un mala leche, un aguafiestas, tiene cero onda con el rival porque le afana toda idea, se la rompe, y con esa obsesión que tiene de quedarse con la pelota, cuando la consigue la acaricia de aquí para allá y sino mete el estiletazo para el Bello Despierto Giménez, que baja todas, o cabecea todas, o hace lo que puede pero siempre jode a los rivales. Ayer pasó que pelotas que tenían dominadas los defensores contrarios, las perdían finalmente con el Tanque de puro susto nomás de cómo se les venía.
No voy a calificar esta vez (los números son inciertos), pero me permito hacer algunas consideraciones. Me parece que Defensores es así: estudia al rival hasta el cuarto de hora; después pone en marcha sus deseos, y tritura. En la primera parte de hoy apenas fue un gol. Pero su dominio fue un escándalo.
Sobró o se relajó al principio del arranque, y Almagro se vino con lo que pudo. Fueron casi 20 minutos de inquietud. La blasfemia mayor a la justicia hubiera sido un empate del visitante de José Ingenieros. Pero Della Picca, hizo, como nunca antes, tres cambios seguidos. Decíamos en la Techada que hacía falta alguien con buen pie para volver a manejar el ritmo del partido. Y entraron “Redondo” Sommariva, “Vaselina” Becica, y se dio el debut del “Maguito”González. ¡Tres pares de buenos pies! Se acabó el partido. Apareció el ole, y el segundo gol y la resolución de la jornada.
Los que entran mejoran; al fin después de tanto hay recambio y hambre, y nobleza por ganarse el salario en la cancha. Y los hinchas estamos felices… Aún en la madrugada.
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domingo, 5 de septiembre de 2010
Entre agonías
Hay que soñar antes de que despierte. Y en la vigilia me abrazan mezquindades, complicidades que no me importan. Hay que escuchar rock y blues, y a algunos clásicos, y revolcarse de felicidad sin felicidad. Respirar a fondo, el fondo, y antes de matarse, reír, y besar una boca y si no se puede pensar en una pared blanca sin nada, que la ráfaga acabe de una vez para siempre con lo que nadie escribió. Pero entre agonías vuelvo, para decirte que no te amo, que no sé qué hago escribiendo ésto, y que se acabe pronto estar despierto.
miércoles, 1 de septiembre de 2010
Baguala del desengaño
Dónde, decime dónde
lo encuentro al hombre lo quiero hallar.
Ay, ay, ay....
Lo busco en los caminos
...y en los montes tampoco está.
Ay, ay, ay...
Dicen que es una estrella
que muy cansada no alumbra más.
Viento que se hizo brisa
quedó sin fuerzas para soplar.
Dónde, decime dónde
lo encuentro al hombre lo quiero hallar.
Ay, ay, ay...
Dicen que es ave herida
que no puede volar.
Animal que está viejo
deja la lucha no aguanta más.
Dónde, decime dónde
lo encuentro al hombre lo quiero hallar.
Ay, ay, ay...
El hombre es un cerebro
que no obecede a su corazón.
Tiene miedo a la lluvia
y en la oficina le escapa al sol.
Dónde, decime dónde
lo encuentro al hombre lo quiero hallar.
Ay, ay, ay...
Dicen que en la ciudad perdido
dicen que se enterró
entre cemento y fierro
dicen que el hombre ya se murió.
Quiero encontrarlo y busco
y porque busco quiero creer
pero mis ojos lloran
están nublados no puedo ver.
Dónde, decime dónde
lo encuentro al hombre lo quiero hallar
Ay, ay, ay...
R. Barrionuevo
lo encuentro al hombre lo quiero hallar.
Ay, ay, ay....
Lo busco en los caminos
...y en los montes tampoco está.
Ay, ay, ay...
Dicen que es una estrella
que muy cansada no alumbra más.
Viento que se hizo brisa
quedó sin fuerzas para soplar.
Dónde, decime dónde
lo encuentro al hombre lo quiero hallar.
Ay, ay, ay...
Dicen que es ave herida
que no puede volar.
Animal que está viejo
deja la lucha no aguanta más.
Dónde, decime dónde
lo encuentro al hombre lo quiero hallar.
Ay, ay, ay...
El hombre es un cerebro
que no obecede a su corazón.
Tiene miedo a la lluvia
y en la oficina le escapa al sol.
Dónde, decime dónde
lo encuentro al hombre lo quiero hallar.
Ay, ay, ay...
Dicen que en la ciudad perdido
dicen que se enterró
entre cemento y fierro
dicen que el hombre ya se murió.
Quiero encontrarlo y busco
y porque busco quiero creer
pero mis ojos lloran
están nublados no puedo ver.
Dónde, decime dónde
lo encuentro al hombre lo quiero hallar
Ay, ay, ay...
R. Barrionuevo
viernes, 27 de agosto de 2010
Papel sucio
PAPEL PRENSA. LA PEOR OPINIÓN ES EL SILENCIO
El efecto que el Grupo Clarín le imprime a la disputa con el Gobierno
nacional hace dudar a diversos actores sociales, políticos y económicos,
muchos de los cuales, por miedo, no se atreven a fijar posición. El
sindicato de prensa de CABA y Gran Buenos Aires, la Utpba, debe fijar su
posición, evitando repetir la lamentable actitud que mantuvo frente a los
despidos de Pablo Llonto, de la renovación de comisión interna en Clarín
en el año 2000 (y el posterior conflicto) o el actual conflicto de
Crítica, entre otros casos.
El tema de Papel Prensa y el avance monopólico sobre los medios gráficos
fue siempre una preocupación de los trabajadores de prensa.
Desde la recuperación de la democracia, los sindicatos de prensa y los
trabajadores fijamos posición contra lo que considerábamos un avance
empresarial que ponía en riesgo las fuentes de trabajo.
Época, La Voz, Tiempo Argentino, Sur, La Razón y hoy Crítica y diarios del
interior como La Mañana, Comercio y Justicia, El Diario de Villa María y
El Diario de Resistencia, entre otros, padecieron los avances neoliberales
y el manejo extorsivo por parte de Papel Prensa en la fijación del precio
del papel para diarios.
Más allá de los posicionamientos ideológicos de los empresarios que
manejaban estos diarios, de la distribución de la pauta oficial que
hicieron los diferentes gobiernos, los trabajadores de prensa vimos
reducidas nuestras fuentes de trabajo y hasta la calidad profesional por
la reducción de medios gráficos en todo el país.
Una de las causas de esta merma de Medios fue el precio del papel que,
según sus intereses económicos, manejaron Clarín y La Nación, con una
diferencia: Clarín se convirtió en un grupo económico que condicionó al
resto de los Medios. De hecho, Papel Prensa lo integraban La Nación,
Clarín y La Razón y este último -que peleó por su supervivencia en una
histórica lucha del gremio y de sus trabajadores- hoy es propiedad de
Clarín como lo es también su parte en las acciones de Papel Prensa.
Clarín utilizó su poder económico y político para monopolizar la
comunicación. Lo hizo con la televisión por cable, es licenciatario de más
de 260 señales, e impidió durante años que se convocara a concursos para
televisión. Avanzó con el control de las radios en todo el país, a través
de las presiones que ejerció desde ARPA para que cerraran las radios de
frecuencia modulada a las que tildaron de truchas e ilegales.
Y desde la dictadura militar donde también persiguió trabajadores (casi
todos los delegados de 1976 debieron exiliarse), el grupo Clarín se adueñó
de Papel Prensa sin compartir el manejo de la empresa con los dueños de
todos los diarios del país, a quienes condicionó, de ADEPA.
Los trabajadores de prensa de La Gremial fijamos posición.
El papel para diarios debe tener un precio igualitario y ninguna patronal
puede imponerle a otra un precio más caro que el que fija para sí; poder
dominante que impuso de la mano de acuerdos espurios y mafiosos logrados
con la dictadura militar de Videla, Massera y Martínez de Hoz.
Los compañeros de los diarios recuperados, Comercio y Justicia, El Diario
de Resistencia y El Diario de la Región de Villa María, lo padecen a
diario.
El Estado nacional debe garantizar un precio igualitario de acceso al papel.
Además del Estado, los trabajadores deben tener participación en esta
tarea. No sólo una comisión bicameral debe garantizar que se haga
justicia, los trabajadores de la comunicación también.
LA GREMIAL DE PRENSA (trabajadores de prensa en lucha para recuperar la
UTPBA para la defensa de los trabajadores)
www.lagremialdeprensa.com.ar
El efecto que el Grupo Clarín le imprime a la disputa con el Gobierno
nacional hace dudar a diversos actores sociales, políticos y económicos,
muchos de los cuales, por miedo, no se atreven a fijar posición. El
sindicato de prensa de CABA y Gran Buenos Aires, la Utpba, debe fijar su
posición, evitando repetir la lamentable actitud que mantuvo frente a los
despidos de Pablo Llonto, de la renovación de comisión interna en Clarín
en el año 2000 (y el posterior conflicto) o el actual conflicto de
Crítica, entre otros casos.
El tema de Papel Prensa y el avance monopólico sobre los medios gráficos
fue siempre una preocupación de los trabajadores de prensa.
Desde la recuperación de la democracia, los sindicatos de prensa y los
trabajadores fijamos posición contra lo que considerábamos un avance
empresarial que ponía en riesgo las fuentes de trabajo.
Época, La Voz, Tiempo Argentino, Sur, La Razón y hoy Crítica y diarios del
interior como La Mañana, Comercio y Justicia, El Diario de Villa María y
El Diario de Resistencia, entre otros, padecieron los avances neoliberales
y el manejo extorsivo por parte de Papel Prensa en la fijación del precio
del papel para diarios.
Más allá de los posicionamientos ideológicos de los empresarios que
manejaban estos diarios, de la distribución de la pauta oficial que
hicieron los diferentes gobiernos, los trabajadores de prensa vimos
reducidas nuestras fuentes de trabajo y hasta la calidad profesional por
la reducción de medios gráficos en todo el país.
Una de las causas de esta merma de Medios fue el precio del papel que,
según sus intereses económicos, manejaron Clarín y La Nación, con una
diferencia: Clarín se convirtió en un grupo económico que condicionó al
resto de los Medios. De hecho, Papel Prensa lo integraban La Nación,
Clarín y La Razón y este último -que peleó por su supervivencia en una
histórica lucha del gremio y de sus trabajadores- hoy es propiedad de
Clarín como lo es también su parte en las acciones de Papel Prensa.
Clarín utilizó su poder económico y político para monopolizar la
comunicación. Lo hizo con la televisión por cable, es licenciatario de más
de 260 señales, e impidió durante años que se convocara a concursos para
televisión. Avanzó con el control de las radios en todo el país, a través
de las presiones que ejerció desde ARPA para que cerraran las radios de
frecuencia modulada a las que tildaron de truchas e ilegales.
Y desde la dictadura militar donde también persiguió trabajadores (casi
todos los delegados de 1976 debieron exiliarse), el grupo Clarín se adueñó
de Papel Prensa sin compartir el manejo de la empresa con los dueños de
todos los diarios del país, a quienes condicionó, de ADEPA.
Los trabajadores de prensa de La Gremial fijamos posición.
El papel para diarios debe tener un precio igualitario y ninguna patronal
puede imponerle a otra un precio más caro que el que fija para sí; poder
dominante que impuso de la mano de acuerdos espurios y mafiosos logrados
con la dictadura militar de Videla, Massera y Martínez de Hoz.
Los compañeros de los diarios recuperados, Comercio y Justicia, El Diario
de Resistencia y El Diario de la Región de Villa María, lo padecen a
diario.
El Estado nacional debe garantizar un precio igualitario de acceso al papel.
Además del Estado, los trabajadores deben tener participación en esta
tarea. No sólo una comisión bicameral debe garantizar que se haga
justicia, los trabajadores de la comunicación también.
LA GREMIAL DE PRENSA (trabajadores de prensa en lucha para recuperar la
UTPBA para la defensa de los trabajadores)
www.lagremialdeprensa.com.ar
sábado, 17 de julio de 2010
...
qué se va a dónde va. Ligero espero que me canten el mismo final. Pero hay que sufrir tanto. Como tanto están disecados nuestros sentidos. Ir hacia la absurda vanidad. Vamos muriendo de a poco. No podemos ni salir al frío, porque el frío exige entusiasmo. Se murió el periodismo, las letras se esconden, sólo aparecen los utilitarios para estar con o en contra, por limosna. Todo mierda. Las mentes se pudren. Nosotros resistimos un poco más, pero nos pudrimos también. Nadie tomará en cuenta esto que ha pasado. ¿Quiénes somos nosotros? Nada. No hay compromiso. El Che entregó su vida. Redunda el naufragio. Andamos sin compañias en la insistencia de desierto.
jueves, 8 de julio de 2010
Seamos anticapitalistas (el capitalismo es una ideología satánica)
Millones de seres humanos no pueden satisfacer sus necesidades fundamentales. Les falta agua potable, comida en cantidad suficiente y alojamiento decente, y tampoco tienen acceso a la sanidad y a la educación. Por lo tanto, el sistema capitalista no consiguió mejorar la vida de la gente ni poner fin a las grandes plagas que hacen sufrir a la humanidad. Peor aún, en los últimos treinta años, es decir, desde la implantación del capitalismo neoliberal, la situación se ha degradado tanto en el Norte como el Sur del planeta. Al considerar la situación desde un punto de vista global, el balance del capitalismo es sumamente negativo.
"El hombre siempre hizo la guerra"; "el hombre es fundamentalmente egoísta"; "el capitalismo siempre existió y siempre existirá"; "no obstante sus defectos, el sistema capitalista es el menos malo de los sistemas"; "el capitalismo es el único modelo que ha demostrado sus aptitudes". "Todas las demás sociedades acabaron en catástrofes".
Estas afirmaciones que se escuchan por doquier, y desde hace mucho tiempo cumplen una función muy precisa: anular cualquier debate serio, cualquier análisis crítico y cualquier propuesta alternativa al modelo económico en el que vivimos.
Aceptar estas afirmaciones nos impide ver lo fundamental: vivimos en un mundo basado en la explotación, la pobreza y las desigualdades. Vivimos también en un mundo que está inmerso en una crisis global, planetaria, sin precedentes en la historia de la humanidad. Estas afirmaciones, al llevarnos a un repliegue sobre nosotros mismos y al fatalismo, nos impiden también devenir ciudadanos responsables que ponen sus energías e inteligencias al servicio de un proyecto emancipador. Si queremos luchar de la manera más eficiente posible contra la injusticia social, es necesario deconstruir, combatir y superar estas aseveraciones que no son más que antífrasis e ideas preconcebidas. Es necesario aceptar que la humanidad debe encontrar los medios para avanzar en forma concreta por otra vía que no sea la del capitalismo. No será nada fácil. El camino será largo y con múltiples obstáculos, pero es la única solución si queremos construir ese otro mundo posible, socialmente justo y respetuoso con la naturaleza. Hoy en día ser anticapitalista, es urgente, necesario y razonable.
1. Ser anticapitalista, es sencillo, coherente y moralmente justo
En primer lugar, ¿qué significa ser anticapitalista? Según el diccionario, es anticapitalista (1) él o la que se opone al capitalismo. Pero ¿qué es el capitalismo? Es un modelo económico y social cuyos valores fundamentales son: el lucro, la propiedad privada de los medios de producción, la competencia, y el crecimiento económico.
Efectivamente, ser anticapitalista es muy simple: sólo es estar en contra de que el lucro, la propiedad privada de los medios de producción, la competencia, el egoísmo y el crecimiento económico constituyan los valores fundamentales que determinan nuestras sociedades humanas.
Ser anticapitalista no es lo mismo que ser comunista, leninista, estalinista, trotskista, anarquista, u otros «-istas» de este tipo. Ser anticapitalista no significa «defender» regímenes tales como el de la Unión Soviética de Stalin, el de Camboya de Pol Pot, el de la China de Mao o el de la China actual. Ser anticapitalista tampoco significa rechazar el «progreso» y vivir de manera miserable negándose a aceptar todo lo que proviene de esta sociedad. Vivir en un sistema y estar en contra de éste, no es lo mismo ni tampoco es incompatible.
Ser anticapitalista es pensar que estos valores (lucro, propiedad privada, competencia y crecimiento) no deben ni pueden constituir la base de una sociedad socialmente justa, respetuosa de la naturaleza, solidaria y emancipadora para la humanidad.
2. El sistema capitalista no logró mejorar la vida de la gente
Del lado de los defensores del capitalismo, a menudo se oyen afirmaciones tales como: "Evidentemente, el capitalismo no es perfecto, ningún sistema lo es. Pero no hay que olvidar que el capitalismo ha permitido una mejora de las condiciones de vida para millones de personas. Por ejemplo, la gente nunca había llegado a una edad tan avanzada. Tampoco olvidemos que es gracias al capitalismo que millones de personas pudieron acceder a tecnologías tales como la televisión, la aviación, los coche, los teléfonos móviles, Internet".
No se puede negar que hay una parte de verdad en esa afirmación pero es muy pequeña, casi minúscula. ¿Por qué? Debemos comenzar por recordar que la mayoría de las riquezas de las que algunos de nosotros/as se benefician se crearon sobre la base de la explotación de los pueblos y del saqueo de sus recursos naturales. ¿Cuál ha sido el precio pagado por permitir a una minoría de seres humanos «beneficiarse» o «gozar» de un nivel de vida elevado y del pretendido «progreso»”? ¿Cuántas guerras, cuántos crímenes contra la humanidad, catástrofes humanas y ecológicas han sido necesarias para llegar a tal «progreso»?
Por otra parte, el capitalismo está vigente en casi todas las economías del planeta y se ha mundializado, o sea, todas estas economías están interconectas. Eso implica que un balance serio del capitalismo sólo puede hacerse a escala mundial y hay que plantearse la pregunta: ¿cuántos seres humanos se han beneficiado y se benefician realmente de este sistema?. Recordemos aquí que según el Banco Mundial más de la mitad de la humanidad vive en la pobreza. Para estos 3.000 millones de seres, la preocupación no es la televisión, Internet u otros bienes tecnológicos. Se trata de trabajar 12 horas al día, 7 días a la semana, para conseguir los recursos suficientes para que la familia sobreviva, simplemente para no morir. Y si hablamos de «llegar a una avanzada edad», no hay que olvidar que todos los informes de Naciones Unidas muestran que la esperanza de vida retrocedió en varios países llegando, por ejemplo, a 41 años en la Republica Democrática del Congo.
En el Sur como en el Norte, la mayoría de los ciudadanos, movimientos sociales e instituciones internacionales admiten que la situación actual es inhumana e intolerable. Millones de seres humanos no pueden satisfacer sus necesidades fundamentales. Les falta agua potable, comida en cantidad suficiente y alojamiento decente, y tampoco tienen acceso a la sanidad y a la educación. Por lo tanto, el sistema capitalista no consiguió mejorar la vida de la gente ni poner fin a las grandes plagas que hacen sufrir a la humanidad. Peor aún, en los últimos treinta años, es decir, desde la implantación del capitalismo neoliberal, la situación se ha degradado tanto en el Norte como el Sur del planeta. Al considerar la situación desde un punto de vista global, el balance del capitalismo es sumamente negativo.
3. La crisis a la que nos enfrentamos es, ni más ni menos, una crisis del sistema capitalista
La situación (social, económica, ecológica...) actual es pésima, ya que se ha ido deteriorando en el curso de estos últimos treinta años, y esa es la realidad que se debe tener en cuenta. Además, hay que plantear otra pregunta fundamental: ¿Cómo evolucionará la situación a corto o mediano plazo? ¿En que dirección vamos? ¿Hacia una mejora o hacia un empeoramiento? Sin ser adivino, la respuesta a esta pregunta es bastante evidente. Es dolorosa pero debemos aceptarla de forma honesta y sin caer en el catastrofismo: no solo existe el riesgo de que la situación continúe degradándose sino que puede llegar a que la mera supervivencia humana esté en peligro. Está claro que la humanidad debe enfrentarse con varias crisis de alcance planetario sin precedentes: crisis alimentaría, financiera, económica, ecológica, migratoria, energética, de civilización.
Cuando se investiga los pormenores de estas crisis, rápidamente se comprueba que no son el resultado de una «mala gestión» o de la ausencia de reglas, sino el producto de la naturaleza y de la lógica del capitalismo en sí. Un sistema cuyo único objetivo es el máximo de ganancia a corto plazo, cualesquiera sean las consecuencias sociales y ecológicas provocadas. Este análisis nos ofrece una razón suplementaria para ser anticapitalista, y buscar, encontrar e implementar soluciones que se enmarquen en un proceso de ruptura contra este sistema y que, por lo tanto, coloquen la satisfacción de las necesidades fundamentales en el centro de todas las opciones políticas y económicas.
4. No se puede humanizar el capitalismo
Otra cuestión muy importante es saber si el capitalismo es capaz de revertir esta tendencia. Según el discurso dominante deberíamos hacer razonable un capitalismo que se habría vuelto loco. La crisis financiera seria el resultado de un comportamiento inaceptable de algunos capitalistas y por lo tanto se trataría de «salvar al capitalismo de los capitalistas». Para revertir la tendencia actual y salir de la crisis, deberíamos volver a fundar el capitalismo, humanizarlo, volviendo a una mayor regulación.
Ahora se ha producido un cambio en relación con los discursos neoliberales de estos últimos treinta años. Pero hay que tener cuidado en no confundir los discursos con la realidad. Las intervenciones del Estado en la economía, como por ejemplo los planes de salvataje del sector financiero no tienen como objetivo defender a las clases populares, sino salvar el sistema capitalista para reanudar el crecimiento y, en consecuencia, restaurar los beneficios de los capitalistas. Se trata de gestionar la crisis regulando el sistema en forma provisional para evitar la quiebra total, para luego repartir sobre las mismas bases de siempre. Las posibilidades de que consigan relanzar el crecimiento son escasas. Todas las cifras y todos los informes de las instituciones internacionales indican que, sin un cambio radical, entraremos en una crisis profunda y larga. La bancaria y financiera prosigue; la económica se ha generalizado. La crisis es ahora mundial.
En todo caso, en el marco de la actual correlación de fuerzas, no hay ningún gobierno que ponga en el orden del día un cambio de sistema. No lo ha hecho hasta ahora y no se prepara para hacerlo. Lo que los gobiernos si preparan (y ya lo han comenzado) es hacer pagar la crisis a los trabajadores y a los pueblos. Se trata de aplicar la receta habitual, o sea, la privatización de las ganancias y la socialización de las perdidas. Para ellos la cuestión se resuelve en esperar que la crisis termine y que los negocios resurjan. ¿Es eso fundar de nuevo el capitalismo? ¿Es eso lo que queremos? Algunas reglas limitadas, un poco de intervencionismo, discursos sobre la necesidad de acabar con los paraísos fiscales. Sin embargo, ninguna medida enunciada es verdaderamente apremiante para evitar lo peor en este momento, sino para recaer en una crisis aún mas profunda en los próximos años. Y decimos: ¡No!
En una perspectiva de largo plazo no es posible humanizar o racionalizar el capitalismo. No hay un capitalismo «bueno» y uno «malo». La búsqueda de la ganancia máxima a corto plazo, la propiedad privada de los grandes medios de producción, la explotación sin limites de los trabajadores, la especulación, la competencia, la promoción del interés privado individual en detrimento del interés colectivo, la frenética acumulación de riquezas por un puñado de individuos o las guerras son características inherentes al sistema capitalista. El capitalismo no tiene cara humana sino la de la barbarie. Al capital le importa poco la destrucción del planeta, que los niños trabajen, que la gente coma o no coma, que tenga una vivienda o no la tenga, que tenga medicinas cuando se enferme o una pensión cuando envejezca. No, nada de eso le importa al capitalismo. Para enfrentar la crisis es necesario ir a la raíz del problema y poner en marcha lo más rápidamente posible alternativas para acabar con el sistema capitalista.
5. La utopía no es lo que se dice
El capitalismo no es capaz de realizar esta «alternativa», puesto que no puede garantizar la satisfacción universal de las necesidades humanas fundamentales. El capitalismo no puede y no quiere implicarse en los grandes desafíos sociales y ecológicos de nuestra época. Una vez aceptada esta idea, lo lógico es plantearse el abandono del capitalismo y la construcción de otro modelo. Y es en este instante que el combate contra la ideología capitalista empieza realmente. En efecto, la gran victoria del capitalismo es haber logrado inculcar en la mayoría de las mentes la idea de que otro modelo no sólo es imposible sino, y sobre todo, es muy peligroso.
“No hay que soñar. El capitalismo siempre existió y siempre existirá. Siempre hubo guerras y siempre las habrá. ¡Siempre hubo pobreza y desigualdades y siempre la habrá! Los que pretenden lo contrario son utopistas. Hay que mirar la verdad de frente: el hombre es fundamentalmente egoísta y desde la noche de los tiempos siempre ha buscado el lucro y el capitalismo lo asume. El capitalismo es el orden natural de las sociedades humanas. Crear otro modelo en el cual se compartiera todo no es sólo impensable sino que conduciría automáticamente a una catástrofe. Basta con mirar lo que pasó en Rusia con sus 100 millones de muertos para estar convencido de esto.”
A primera vista, estas ideologías tienen una coherencia de conjunto e impregnan de tal manera nuestra vida cotidiana que no es nada fácil luchar contra ellas. No es fácil pero es posible y es necesario hacerlo.
Primero: Es necesario recordar que el capitalismo, bajo su forma actual, existe desde hace apenas tres siglos. En todos los continentes, se desarrollaron civilizaciones durante los milenios precedentes que no conocieron el capitalismo. No siempre existió, nació en los intersticios de la sociedad feudal hace una decena de siglos y llegó a dominar la escena occidental en su forma industrial desde hace tan sólo dos. En otras partes del mundo, su imposición fue posterior. Por lo tanto, sólo representa una parte mínima en la historia de nuestra humanidad. El capitalismo no ha existido siempre y no existirá para siempre. Por otra parte, se trata de la pura supervivencia de la humanidad. Y ésta puede organizarse de otra manera, sin el capitalismo.
Segundo: Como fue creado por el hombre, se puede decir que el capitalismo es un modelo humano. Pero, sobre todo, es necesario agregar que el capitalismo es inhumano, ya que alimenta todo lo que hay de más negativo en el hombre: competencia, egoísmo, individualismo, etc. No hay que equivocarse, la competencia y el egoísmo, a escala individual y en forma moderada, no tienen nada de malo y hasta pueden tener algunos aspectos positivos. Hay egoísmo en cada uno de nosotros, nadie puede negarlo, pero también hay solidaridad y altruismo. Y es eso lo más importante: ¿vivimos en una sociedad que alimenta y refuerza la solidaridad y la cooperación o en una sociedad que lo hace para la competencia y el egoísmo? En forma más general, hay que preguntarse si el egoísmo y la búsqueda del beneficio, que son la base del sistema capitalista, pueden ser los motores de la construcción de una sociedad socialmente justa, respetuosa de la naturaleza, solidaria y emancipadora para la humanidad. ¡Claro que no!
Tercero: Hay que afirmar rotundamente que la sociedad que debemos construir no debe, en ningún caso, parecerse a las experiencias llamadas socialistas del siglo XX. Si bien los regímenes estalinistas en el bloque soviético, de Pol Pot en Camboya o de la China de Mao son experiencias traumáticas que se deben criticar con energía y seriedad, no hay que olvidar que sistemáticamente han sido subestimados los factores externos en la explicación de los fracasos de experiencias socialistas anteriores. Es evidente que un sistema socialista, es decir, un sistema que pone las necesidades sociales por encima de las del capital, entra en contradicción con los intereses de los capitalistas. Si se tuviera la certeza de que un modelo basado en la cooperación y el intercambio no puede funcionar, entonces ¿por qué las potencias capitalistas han dedicado tanto tiempo, energía y dinero para combatir ideológicamente, desestabilizar políticamente, ahogar financieramente y derrocar militarmente los regimenes que querían avanzar por ese camino? ¿Por qué Patrice Lumumba en el Congo, Salvador Allende en Chile, Mossadegh en Irán y Thomas Sankara en Burkina Faso fueron asesinados por las potencias del Norte? Lo hicieron porque estos dirigentes querían aplicar políticas que iban contra la lógica del lucro. ¿Por qué Mobutu, Pinochet, el Shah de Irán o Compaoré fueron apoyados técnica y económicamente durante más de treinta años? Porque aceptaban mantener un sistema basado en la transferencia de riquezas de las clases trabajadoras hacia las clases capitalistas.
¿Y acaso Adolf Hitler, Benito Mussolini, el régimen expansionista y militarista japonés (de antes y durante la segunda guerra mundial), el general Franco, el general Salazar, el régimen del apartheid no eran adeptos entusiastas del capitalismo? Fueron responsables de decenas de millones de muertos.
Por fin, a los que afirman que pensar otro modelo y actuar para implementarlo no es realista, hay que contestar simplemente que lo que no es realista es pensar que la humanidad podrá seguir viviendo dentro del actual modelo. Recordemos que el balance del capitalismo habla por sí solo: no ha traído más que pobreza, desigualdades y un planeta exhausto. Por consiguiente, es necesario y urgente abandonar este modelo e inventar otro. Otro modelo es posible y hay que pensar en forma colectiva en cómo ponerlo en marcha. Es una afrenta a la creatividad humana pensar que no somos capaces de hacerlo. La humanidad necesita una utopía que en vez de ser un freno sea un motor para romper con la lógica de la fatalidad y proponer medidas concretas, aquí y ahora, y al mismo tiempo ofrecer perspectivas interesantes para la colectividad humana.
6. Hay que reinventar el socialismo del siglo XXI
Frente a las experiencias dramáticas del socialismo real del siglo pasado, la sociedad por construir, que podría llamarse socialismo del siglo XXI o ecosocialismo, debe constituir una respuesta profundamente democrática y autogestionada a las experiencias negativas del pasado. Frente a esta crisis global del sistema capitalista, es necesario implantar políticas anticapitalistas, socialistas y revolucionarias que integren obligatoriamente la dimensión feminista, ecologista, internacionalista y antirracista. Hace falta articular estas diferentes dimensiones en forma coherente para que estén completamente integradas en los proyectos del socialismo del siglo XXI.
Es absolutamente posible garantizar la justicia social en Bélgica, en Europa y en cualquier parte del mundo. Es absolutamente posible avanzar hacia un modelo que, respetando la naturaleza, asegure que cada persona tenga una vivienda correcta, una alimentación de calidad, un trabajo decente y bien remunerado, protección social, acceso a la salud, a la educación y a los transportes. No obstante, se tiene que ir más lejos. Hay que instaurar una verdadera democracia. Por supuesto, la democracia política, donde los ciudadanos toman parte, en concreto, en las grandes opciones que determinan la naturaleza y el funcionamiento de nuestras sociedades. Pero también hace falta la democracia económica donde sea posible otro reparto de la riqueza, que se combine con un control de estas riquezas por parte de los y las que las producen, o sea, los trabajadores y las trabajadoras de las ciudades y del campo.
Pero eso no llegará solo. Hará falta que sea una elección consciente y colectiva. Por el momento es cierto que no hay fuerzas suficientes para derribar al capitalismo. Pero en todas partes del planeta y en diferentes escalas se ponen en marcha alternativas sociales, económicas, democráticas, originales y autogestionarias. Cada vez son más las personas que piensan que tenemos derecho a vivir en otro sistema que no sea el orden capitalista. Cada vez son más los que piensan que otro mundo no sólo es posible, sino que es necesario y urgente construirlo aquí y ahora. Como ciudadanos y ciudadanas del mundo, nuestra tarea es servirnos de esas experiencias concretas y luchar de la mejor manera para construir y organizar todas las fuerzas anticapitalistas.
Se trata de construir un modelo en el que las necesidades de la gente estén en el centro de las decisiones políticas. Un mundo en el que la cooperación, la ayuda mutua, el reparto y la solidaridad sean más importantes que la competencia y la competición. Un mundo donde haya espacio para el debate y en el que se haya dejado de considerar a los ciudadanos como unos ignorantes. Aunque no haya motivo para alegrarse de la crisis, puesto que golpeará (y ya golpea) a centenares de millones de personas, tanto en el Norte como en el Sur del planeta, ésta, no obstante, presenta una ventaja: bate en brecha todas las ideologías neoliberales y muestra la verdadera cara de los gobiernos que actúan sistemáticamente en interés de los ricos. Hace falta mirar a nuestro alrededor y reapropiarse la política. La política no son los gobiernos. La política no es complicada ni es un asunto de especialistas. La política somos nosotros, con nuestras diferencias, nuestros conocimientos, nuestra energía, nuestra creatividad y nuestra poesía.
7. La lucha no causa tristeza. Al contrario
Con injusticias tan grandes y nosotros tan débiles en relación con el poder, a menudo se escucha, particularmente entre los jóvenes que intentan cambiar las cosas, que la tarea es imposible y que, inevitablemente, el único resultado será entristecernos. No es cierto. Analizar el mundo en el que vivimos, tomar consciencia de su carácter profundamente injusto y tomar la decisión de luchar lo mejor que podamos contra esa injusticia es entender el lugar que debemos ocupar en la sociedad, y el papel que, con humildad, podemos tener. Esto, en lugar de entristecernos, debe permitirnos tomar consciencia de nosotros mismos y dar un sentido a nuestro pasaje por la tierra.
Hay que luchar. Reivindicar colectivamente medidas que van en contra de los intereses de los capitalistas y de los que los apoyan. Hará falta movilizarse y estar en la calle. Hará falta que los pueblos consigan de nuevo el control de su porvenir. La revolución se hará en la calle y en las urnas. Como Marx lo recuerda, les toca a los pueblos liberarse por sí mismos y para si mismos. El camino será largo y lleno de obstáculos. El modelo que queremos quedara como un proceso inacabado lleno de contradicciones, de fracasos, pero también de alegrías y de victorias. Sin embargo, el camino es tan importante como el ideal que queremos alcanzar. Y no es porque vamos a contracorriente que caminamos en la mala dirección. Marx nos dice que la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases.
Fuente: ECOPORTAL
Autor: Olivier Bonfond
"El hombre siempre hizo la guerra"; "el hombre es fundamentalmente egoísta"; "el capitalismo siempre existió y siempre existirá"; "no obstante sus defectos, el sistema capitalista es el menos malo de los sistemas"; "el capitalismo es el único modelo que ha demostrado sus aptitudes". "Todas las demás sociedades acabaron en catástrofes".
Estas afirmaciones que se escuchan por doquier, y desde hace mucho tiempo cumplen una función muy precisa: anular cualquier debate serio, cualquier análisis crítico y cualquier propuesta alternativa al modelo económico en el que vivimos.
Aceptar estas afirmaciones nos impide ver lo fundamental: vivimos en un mundo basado en la explotación, la pobreza y las desigualdades. Vivimos también en un mundo que está inmerso en una crisis global, planetaria, sin precedentes en la historia de la humanidad. Estas afirmaciones, al llevarnos a un repliegue sobre nosotros mismos y al fatalismo, nos impiden también devenir ciudadanos responsables que ponen sus energías e inteligencias al servicio de un proyecto emancipador. Si queremos luchar de la manera más eficiente posible contra la injusticia social, es necesario deconstruir, combatir y superar estas aseveraciones que no son más que antífrasis e ideas preconcebidas. Es necesario aceptar que la humanidad debe encontrar los medios para avanzar en forma concreta por otra vía que no sea la del capitalismo. No será nada fácil. El camino será largo y con múltiples obstáculos, pero es la única solución si queremos construir ese otro mundo posible, socialmente justo y respetuoso con la naturaleza. Hoy en día ser anticapitalista, es urgente, necesario y razonable.
1. Ser anticapitalista, es sencillo, coherente y moralmente justo
En primer lugar, ¿qué significa ser anticapitalista? Según el diccionario, es anticapitalista (1) él o la que se opone al capitalismo. Pero ¿qué es el capitalismo? Es un modelo económico y social cuyos valores fundamentales son: el lucro, la propiedad privada de los medios de producción, la competencia, y el crecimiento económico.
Efectivamente, ser anticapitalista es muy simple: sólo es estar en contra de que el lucro, la propiedad privada de los medios de producción, la competencia, el egoísmo y el crecimiento económico constituyan los valores fundamentales que determinan nuestras sociedades humanas.
Ser anticapitalista no es lo mismo que ser comunista, leninista, estalinista, trotskista, anarquista, u otros «-istas» de este tipo. Ser anticapitalista no significa «defender» regímenes tales como el de la Unión Soviética de Stalin, el de Camboya de Pol Pot, el de la China de Mao o el de la China actual. Ser anticapitalista tampoco significa rechazar el «progreso» y vivir de manera miserable negándose a aceptar todo lo que proviene de esta sociedad. Vivir en un sistema y estar en contra de éste, no es lo mismo ni tampoco es incompatible.
Ser anticapitalista es pensar que estos valores (lucro, propiedad privada, competencia y crecimiento) no deben ni pueden constituir la base de una sociedad socialmente justa, respetuosa de la naturaleza, solidaria y emancipadora para la humanidad.
2. El sistema capitalista no logró mejorar la vida de la gente
Del lado de los defensores del capitalismo, a menudo se oyen afirmaciones tales como: "Evidentemente, el capitalismo no es perfecto, ningún sistema lo es. Pero no hay que olvidar que el capitalismo ha permitido una mejora de las condiciones de vida para millones de personas. Por ejemplo, la gente nunca había llegado a una edad tan avanzada. Tampoco olvidemos que es gracias al capitalismo que millones de personas pudieron acceder a tecnologías tales como la televisión, la aviación, los coche, los teléfonos móviles, Internet".
No se puede negar que hay una parte de verdad en esa afirmación pero es muy pequeña, casi minúscula. ¿Por qué? Debemos comenzar por recordar que la mayoría de las riquezas de las que algunos de nosotros/as se benefician se crearon sobre la base de la explotación de los pueblos y del saqueo de sus recursos naturales. ¿Cuál ha sido el precio pagado por permitir a una minoría de seres humanos «beneficiarse» o «gozar» de un nivel de vida elevado y del pretendido «progreso»”? ¿Cuántas guerras, cuántos crímenes contra la humanidad, catástrofes humanas y ecológicas han sido necesarias para llegar a tal «progreso»?
Por otra parte, el capitalismo está vigente en casi todas las economías del planeta y se ha mundializado, o sea, todas estas economías están interconectas. Eso implica que un balance serio del capitalismo sólo puede hacerse a escala mundial y hay que plantearse la pregunta: ¿cuántos seres humanos se han beneficiado y se benefician realmente de este sistema?. Recordemos aquí que según el Banco Mundial más de la mitad de la humanidad vive en la pobreza. Para estos 3.000 millones de seres, la preocupación no es la televisión, Internet u otros bienes tecnológicos. Se trata de trabajar 12 horas al día, 7 días a la semana, para conseguir los recursos suficientes para que la familia sobreviva, simplemente para no morir. Y si hablamos de «llegar a una avanzada edad», no hay que olvidar que todos los informes de Naciones Unidas muestran que la esperanza de vida retrocedió en varios países llegando, por ejemplo, a 41 años en la Republica Democrática del Congo.
En el Sur como en el Norte, la mayoría de los ciudadanos, movimientos sociales e instituciones internacionales admiten que la situación actual es inhumana e intolerable. Millones de seres humanos no pueden satisfacer sus necesidades fundamentales. Les falta agua potable, comida en cantidad suficiente y alojamiento decente, y tampoco tienen acceso a la sanidad y a la educación. Por lo tanto, el sistema capitalista no consiguió mejorar la vida de la gente ni poner fin a las grandes plagas que hacen sufrir a la humanidad. Peor aún, en los últimos treinta años, es decir, desde la implantación del capitalismo neoliberal, la situación se ha degradado tanto en el Norte como el Sur del planeta. Al considerar la situación desde un punto de vista global, el balance del capitalismo es sumamente negativo.
3. La crisis a la que nos enfrentamos es, ni más ni menos, una crisis del sistema capitalista
La situación (social, económica, ecológica...) actual es pésima, ya que se ha ido deteriorando en el curso de estos últimos treinta años, y esa es la realidad que se debe tener en cuenta. Además, hay que plantear otra pregunta fundamental: ¿Cómo evolucionará la situación a corto o mediano plazo? ¿En que dirección vamos? ¿Hacia una mejora o hacia un empeoramiento? Sin ser adivino, la respuesta a esta pregunta es bastante evidente. Es dolorosa pero debemos aceptarla de forma honesta y sin caer en el catastrofismo: no solo existe el riesgo de que la situación continúe degradándose sino que puede llegar a que la mera supervivencia humana esté en peligro. Está claro que la humanidad debe enfrentarse con varias crisis de alcance planetario sin precedentes: crisis alimentaría, financiera, económica, ecológica, migratoria, energética, de civilización.
Cuando se investiga los pormenores de estas crisis, rápidamente se comprueba que no son el resultado de una «mala gestión» o de la ausencia de reglas, sino el producto de la naturaleza y de la lógica del capitalismo en sí. Un sistema cuyo único objetivo es el máximo de ganancia a corto plazo, cualesquiera sean las consecuencias sociales y ecológicas provocadas. Este análisis nos ofrece una razón suplementaria para ser anticapitalista, y buscar, encontrar e implementar soluciones que se enmarquen en un proceso de ruptura contra este sistema y que, por lo tanto, coloquen la satisfacción de las necesidades fundamentales en el centro de todas las opciones políticas y económicas.
4. No se puede humanizar el capitalismo
Otra cuestión muy importante es saber si el capitalismo es capaz de revertir esta tendencia. Según el discurso dominante deberíamos hacer razonable un capitalismo que se habría vuelto loco. La crisis financiera seria el resultado de un comportamiento inaceptable de algunos capitalistas y por lo tanto se trataría de «salvar al capitalismo de los capitalistas». Para revertir la tendencia actual y salir de la crisis, deberíamos volver a fundar el capitalismo, humanizarlo, volviendo a una mayor regulación.
Ahora se ha producido un cambio en relación con los discursos neoliberales de estos últimos treinta años. Pero hay que tener cuidado en no confundir los discursos con la realidad. Las intervenciones del Estado en la economía, como por ejemplo los planes de salvataje del sector financiero no tienen como objetivo defender a las clases populares, sino salvar el sistema capitalista para reanudar el crecimiento y, en consecuencia, restaurar los beneficios de los capitalistas. Se trata de gestionar la crisis regulando el sistema en forma provisional para evitar la quiebra total, para luego repartir sobre las mismas bases de siempre. Las posibilidades de que consigan relanzar el crecimiento son escasas. Todas las cifras y todos los informes de las instituciones internacionales indican que, sin un cambio radical, entraremos en una crisis profunda y larga. La bancaria y financiera prosigue; la económica se ha generalizado. La crisis es ahora mundial.
En todo caso, en el marco de la actual correlación de fuerzas, no hay ningún gobierno que ponga en el orden del día un cambio de sistema. No lo ha hecho hasta ahora y no se prepara para hacerlo. Lo que los gobiernos si preparan (y ya lo han comenzado) es hacer pagar la crisis a los trabajadores y a los pueblos. Se trata de aplicar la receta habitual, o sea, la privatización de las ganancias y la socialización de las perdidas. Para ellos la cuestión se resuelve en esperar que la crisis termine y que los negocios resurjan. ¿Es eso fundar de nuevo el capitalismo? ¿Es eso lo que queremos? Algunas reglas limitadas, un poco de intervencionismo, discursos sobre la necesidad de acabar con los paraísos fiscales. Sin embargo, ninguna medida enunciada es verdaderamente apremiante para evitar lo peor en este momento, sino para recaer en una crisis aún mas profunda en los próximos años. Y decimos: ¡No!
En una perspectiva de largo plazo no es posible humanizar o racionalizar el capitalismo. No hay un capitalismo «bueno» y uno «malo». La búsqueda de la ganancia máxima a corto plazo, la propiedad privada de los grandes medios de producción, la explotación sin limites de los trabajadores, la especulación, la competencia, la promoción del interés privado individual en detrimento del interés colectivo, la frenética acumulación de riquezas por un puñado de individuos o las guerras son características inherentes al sistema capitalista. El capitalismo no tiene cara humana sino la de la barbarie. Al capital le importa poco la destrucción del planeta, que los niños trabajen, que la gente coma o no coma, que tenga una vivienda o no la tenga, que tenga medicinas cuando se enferme o una pensión cuando envejezca. No, nada de eso le importa al capitalismo. Para enfrentar la crisis es necesario ir a la raíz del problema y poner en marcha lo más rápidamente posible alternativas para acabar con el sistema capitalista.
5. La utopía no es lo que se dice
El capitalismo no es capaz de realizar esta «alternativa», puesto que no puede garantizar la satisfacción universal de las necesidades humanas fundamentales. El capitalismo no puede y no quiere implicarse en los grandes desafíos sociales y ecológicos de nuestra época. Una vez aceptada esta idea, lo lógico es plantearse el abandono del capitalismo y la construcción de otro modelo. Y es en este instante que el combate contra la ideología capitalista empieza realmente. En efecto, la gran victoria del capitalismo es haber logrado inculcar en la mayoría de las mentes la idea de que otro modelo no sólo es imposible sino, y sobre todo, es muy peligroso.
“No hay que soñar. El capitalismo siempre existió y siempre existirá. Siempre hubo guerras y siempre las habrá. ¡Siempre hubo pobreza y desigualdades y siempre la habrá! Los que pretenden lo contrario son utopistas. Hay que mirar la verdad de frente: el hombre es fundamentalmente egoísta y desde la noche de los tiempos siempre ha buscado el lucro y el capitalismo lo asume. El capitalismo es el orden natural de las sociedades humanas. Crear otro modelo en el cual se compartiera todo no es sólo impensable sino que conduciría automáticamente a una catástrofe. Basta con mirar lo que pasó en Rusia con sus 100 millones de muertos para estar convencido de esto.”
A primera vista, estas ideologías tienen una coherencia de conjunto e impregnan de tal manera nuestra vida cotidiana que no es nada fácil luchar contra ellas. No es fácil pero es posible y es necesario hacerlo.
Primero: Es necesario recordar que el capitalismo, bajo su forma actual, existe desde hace apenas tres siglos. En todos los continentes, se desarrollaron civilizaciones durante los milenios precedentes que no conocieron el capitalismo. No siempre existió, nació en los intersticios de la sociedad feudal hace una decena de siglos y llegó a dominar la escena occidental en su forma industrial desde hace tan sólo dos. En otras partes del mundo, su imposición fue posterior. Por lo tanto, sólo representa una parte mínima en la historia de nuestra humanidad. El capitalismo no ha existido siempre y no existirá para siempre. Por otra parte, se trata de la pura supervivencia de la humanidad. Y ésta puede organizarse de otra manera, sin el capitalismo.
Segundo: Como fue creado por el hombre, se puede decir que el capitalismo es un modelo humano. Pero, sobre todo, es necesario agregar que el capitalismo es inhumano, ya que alimenta todo lo que hay de más negativo en el hombre: competencia, egoísmo, individualismo, etc. No hay que equivocarse, la competencia y el egoísmo, a escala individual y en forma moderada, no tienen nada de malo y hasta pueden tener algunos aspectos positivos. Hay egoísmo en cada uno de nosotros, nadie puede negarlo, pero también hay solidaridad y altruismo. Y es eso lo más importante: ¿vivimos en una sociedad que alimenta y refuerza la solidaridad y la cooperación o en una sociedad que lo hace para la competencia y el egoísmo? En forma más general, hay que preguntarse si el egoísmo y la búsqueda del beneficio, que son la base del sistema capitalista, pueden ser los motores de la construcción de una sociedad socialmente justa, respetuosa de la naturaleza, solidaria y emancipadora para la humanidad. ¡Claro que no!
Tercero: Hay que afirmar rotundamente que la sociedad que debemos construir no debe, en ningún caso, parecerse a las experiencias llamadas socialistas del siglo XX. Si bien los regímenes estalinistas en el bloque soviético, de Pol Pot en Camboya o de la China de Mao son experiencias traumáticas que se deben criticar con energía y seriedad, no hay que olvidar que sistemáticamente han sido subestimados los factores externos en la explicación de los fracasos de experiencias socialistas anteriores. Es evidente que un sistema socialista, es decir, un sistema que pone las necesidades sociales por encima de las del capital, entra en contradicción con los intereses de los capitalistas. Si se tuviera la certeza de que un modelo basado en la cooperación y el intercambio no puede funcionar, entonces ¿por qué las potencias capitalistas han dedicado tanto tiempo, energía y dinero para combatir ideológicamente, desestabilizar políticamente, ahogar financieramente y derrocar militarmente los regimenes que querían avanzar por ese camino? ¿Por qué Patrice Lumumba en el Congo, Salvador Allende en Chile, Mossadegh en Irán y Thomas Sankara en Burkina Faso fueron asesinados por las potencias del Norte? Lo hicieron porque estos dirigentes querían aplicar políticas que iban contra la lógica del lucro. ¿Por qué Mobutu, Pinochet, el Shah de Irán o Compaoré fueron apoyados técnica y económicamente durante más de treinta años? Porque aceptaban mantener un sistema basado en la transferencia de riquezas de las clases trabajadoras hacia las clases capitalistas.
¿Y acaso Adolf Hitler, Benito Mussolini, el régimen expansionista y militarista japonés (de antes y durante la segunda guerra mundial), el general Franco, el general Salazar, el régimen del apartheid no eran adeptos entusiastas del capitalismo? Fueron responsables de decenas de millones de muertos.
Por fin, a los que afirman que pensar otro modelo y actuar para implementarlo no es realista, hay que contestar simplemente que lo que no es realista es pensar que la humanidad podrá seguir viviendo dentro del actual modelo. Recordemos que el balance del capitalismo habla por sí solo: no ha traído más que pobreza, desigualdades y un planeta exhausto. Por consiguiente, es necesario y urgente abandonar este modelo e inventar otro. Otro modelo es posible y hay que pensar en forma colectiva en cómo ponerlo en marcha. Es una afrenta a la creatividad humana pensar que no somos capaces de hacerlo. La humanidad necesita una utopía que en vez de ser un freno sea un motor para romper con la lógica de la fatalidad y proponer medidas concretas, aquí y ahora, y al mismo tiempo ofrecer perspectivas interesantes para la colectividad humana.
6. Hay que reinventar el socialismo del siglo XXI
Frente a las experiencias dramáticas del socialismo real del siglo pasado, la sociedad por construir, que podría llamarse socialismo del siglo XXI o ecosocialismo, debe constituir una respuesta profundamente democrática y autogestionada a las experiencias negativas del pasado. Frente a esta crisis global del sistema capitalista, es necesario implantar políticas anticapitalistas, socialistas y revolucionarias que integren obligatoriamente la dimensión feminista, ecologista, internacionalista y antirracista. Hace falta articular estas diferentes dimensiones en forma coherente para que estén completamente integradas en los proyectos del socialismo del siglo XXI.
Es absolutamente posible garantizar la justicia social en Bélgica, en Europa y en cualquier parte del mundo. Es absolutamente posible avanzar hacia un modelo que, respetando la naturaleza, asegure que cada persona tenga una vivienda correcta, una alimentación de calidad, un trabajo decente y bien remunerado, protección social, acceso a la salud, a la educación y a los transportes. No obstante, se tiene que ir más lejos. Hay que instaurar una verdadera democracia. Por supuesto, la democracia política, donde los ciudadanos toman parte, en concreto, en las grandes opciones que determinan la naturaleza y el funcionamiento de nuestras sociedades. Pero también hace falta la democracia económica donde sea posible otro reparto de la riqueza, que se combine con un control de estas riquezas por parte de los y las que las producen, o sea, los trabajadores y las trabajadoras de las ciudades y del campo.
Pero eso no llegará solo. Hará falta que sea una elección consciente y colectiva. Por el momento es cierto que no hay fuerzas suficientes para derribar al capitalismo. Pero en todas partes del planeta y en diferentes escalas se ponen en marcha alternativas sociales, económicas, democráticas, originales y autogestionarias. Cada vez son más las personas que piensan que tenemos derecho a vivir en otro sistema que no sea el orden capitalista. Cada vez son más los que piensan que otro mundo no sólo es posible, sino que es necesario y urgente construirlo aquí y ahora. Como ciudadanos y ciudadanas del mundo, nuestra tarea es servirnos de esas experiencias concretas y luchar de la mejor manera para construir y organizar todas las fuerzas anticapitalistas.
Se trata de construir un modelo en el que las necesidades de la gente estén en el centro de las decisiones políticas. Un mundo en el que la cooperación, la ayuda mutua, el reparto y la solidaridad sean más importantes que la competencia y la competición. Un mundo donde haya espacio para el debate y en el que se haya dejado de considerar a los ciudadanos como unos ignorantes. Aunque no haya motivo para alegrarse de la crisis, puesto que golpeará (y ya golpea) a centenares de millones de personas, tanto en el Norte como en el Sur del planeta, ésta, no obstante, presenta una ventaja: bate en brecha todas las ideologías neoliberales y muestra la verdadera cara de los gobiernos que actúan sistemáticamente en interés de los ricos. Hace falta mirar a nuestro alrededor y reapropiarse la política. La política no son los gobiernos. La política no es complicada ni es un asunto de especialistas. La política somos nosotros, con nuestras diferencias, nuestros conocimientos, nuestra energía, nuestra creatividad y nuestra poesía.
7. La lucha no causa tristeza. Al contrario
Con injusticias tan grandes y nosotros tan débiles en relación con el poder, a menudo se escucha, particularmente entre los jóvenes que intentan cambiar las cosas, que la tarea es imposible y que, inevitablemente, el único resultado será entristecernos. No es cierto. Analizar el mundo en el que vivimos, tomar consciencia de su carácter profundamente injusto y tomar la decisión de luchar lo mejor que podamos contra esa injusticia es entender el lugar que debemos ocupar en la sociedad, y el papel que, con humildad, podemos tener. Esto, en lugar de entristecernos, debe permitirnos tomar consciencia de nosotros mismos y dar un sentido a nuestro pasaje por la tierra.
Hay que luchar. Reivindicar colectivamente medidas que van en contra de los intereses de los capitalistas y de los que los apoyan. Hará falta movilizarse y estar en la calle. Hará falta que los pueblos consigan de nuevo el control de su porvenir. La revolución se hará en la calle y en las urnas. Como Marx lo recuerda, les toca a los pueblos liberarse por sí mismos y para si mismos. El camino será largo y lleno de obstáculos. El modelo que queremos quedara como un proceso inacabado lleno de contradicciones, de fracasos, pero también de alegrías y de victorias. Sin embargo, el camino es tan importante como el ideal que queremos alcanzar. Y no es porque vamos a contracorriente que caminamos en la mala dirección. Marx nos dice que la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases.
Fuente: ECOPORTAL
Autor: Olivier Bonfond
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