viernes, 24 de marzo de 2017

Refugio



Recuerdo a veces esa mirada. Blanca y verde. Centrifugo el tiempo y ahora somos dos desentendidos. Pero de nuevo están tus fotos, el ayer tan lengua larga que se fue y me he vuelto a enamorar apenas ese segundo sin tenerte. Nada más parece que puede amarme después de vos. De tanto encender nos apagamos. Mi corazón explotó una vez y con los restos no sé qué hacer. Debe haber algo más…. Rindo amor a mi perra, a mis plantas, a gatos prestados, a la lluvia, al olor, bebo la humedad y hago fiestas con ella en mi soledad porteña. Pero siempre aparecen tus ojos verdes para rendirle cuentas a la memoria. Tormentas, ventarrones brutales que al final amanecen en tus ojos. La tragedia ya no permite transpirarnos. Hoy vamos de la mano sin consecuencias. Somos refugiados de un final.

sábado, 28 de enero de 2017

Cumplirías años

Hoy cumplirías años, mi querido amigo, y no suena mi llamada en tus profundidades siderales
¿Dónde andarás para soñarte? ¿Serás el incandescente habitué de azules estelares?
Te busco en el cielo despejado, en la magnitud de la nube vasta y hasta en la tierra.
Es que tal vez te agite la risa imaginando que nos creímos tu partida
Ya sé: habernos creídos vivos, una humanidad fatigando sin saber la mentira
Pero tu fecha es mi nostalgia, Gustavo, porque la amistad se presentó contigo
Ahora la que está presente es esta soledad cargosa que me acosa con motivos
Zonceras que mienten al tiempo que me pone más viejo sin tu presencia
Eso no te lo perdono Gustavo, porque no sé qué hago ahora sin vos y con mi conciencia
Brindaré de nuevo con el clamor de tu recuerdo, eres mi gran amigo aún después de muerto

sábado, 14 de enero de 2017

Luna

(a Lucía)
Inmensa luna ardiente, tan blanca y desprejuiciada asomándote con tus montes claros por mi ventana

Luna desafiante en los muchos lutos de Occidente, en los tristes que aman nada, avería de resignados

Esta luna despampanante a los olvidados ilumina, da brillos a oscuros, a desamorados los despabila

La misma Luna que Cristo miró cuando supo todo en vano, la que enamorada a Guevara en la selva acunó.

La Luna deambulada por Pessoa en las estériles calles de Lisboa, Luna testigo de una carta: la de Walsh.

Luna que aún me sigue cuando no soy, Luna confidente que esconde en su poniente resacas del amor.

viernes, 13 de enero de 2017

Buenos Aires a solas


Bendita sin gente Buenos aires. Atravieso tu garganta de Corrientes en un par de tragos, me abanico en soledad en Palermo y allá más al Bajo todo huele tan a Pro ausente. Ellos y sus votantes deben andar tragando arena mientras yo me como un bife en San Telmo con un gomia que como yo le prende velas a la ausencia de la gilada. Ando por tus nuevas cicatrices Buenos aires, no me tocan bocinas y me doy cuenta que sos otra, que te hicieron para los fiolos con vento, porque amagás deslumbrar pero sos artificio y te vas haciendo pena cuando rumbeo hacia el sur. Me falta tu nuevo tango, Baires, como dicen los turistas del restaurant cuyas paredes muestran aquellos que nos dieron la porteñidad pero que sufren la indiferencia. El Polaco, Troilo, Piazolla, Sosa, el fulbo de Boca, Diego, Alonso y el Bocha, un Messi pibito, y hasta Borges y Sábato dibujados, pero le sacan foto a la carne los yonis. Con mi amigo casi que la escrachamos también, porque pasará un tiempo si es que pasa para gastarnos de nuevo la lucarda larga con la propina. Sin embargo Buenos aires todavía me seduce por el recuerdo, por donde vaya mi memoria se enciende , si en la calle Sarmiento la vi, por Barracas tengo dejadas entrañas, mi viejo paraba en la calle Paraguay, mi hermana vivía en Marcelo T y yo conocí al amor de mi vida en Talcahuano. Hice marchas en la calle Uruguay, laburé en Chacabuco, soñé en Avenida de Mayo, morí en Tacuarí. Tengo a Buenos aires en mi fluído sanguíneo, soy del viejo bajo Nuñez, vuelvo siempre a San Telmo, me protejo en Monte Castro y en Villa del Parque veo cine. No hay manera de desligarme de vos Buenos aires. Me vuelve el amor cuando te veo sola.

sábado, 31 de diciembre de 2016

Jacinto no sabe de felices


Jacinto ni sabe qué cosa es Papá Noel. Hacinado vive en la Villa 20 de Lugano y a los diez años tiene la rutina de visitar el calabozo invitado por policías disfrazados de personas. El hedor suele desbocarse hastiadas que están las napas de contaminación. Es ahí cuando no aguanta más Jacinto y sale y se disfraza de pistolero, y con un revólver de juguete corre para el centro de Buenos Aires a robar un celular que después lo vende en la villa por apenas unos pesos, aún el teléfono sea del último modelo. Y con el dinero va Jacinto y compra su droga barata y va y se olvida de todo y sueña sueños feroces a veces: se vienen encima sus caras amigas escupiendo pulmones desde el cementerio privado que tienen en el cementerio de autos.
Pero Jacinto a veces se duerme de verdad y sueña cosas lindas. Sueña con papá, no él, se aclara hasta en el  sueño rememorando a ese tipo de disfraz rojo que vio mentir fantasías en la puerta del shopping. Con su viejo sueña, que sabe que volverá de la zafra de Tucumán o de pisar uvas en Salta para hacer el vino patero que después trae y todos prueban. Y sueña que va a venir con plata para poder comer. No sueña con regalos porque nunca le regalaron nada, salvo esa camiseta de Boca que tiene puesta y que se la dio su mamá después del revuelo que se armó cuando los echaron del predio Papa Francisco. La policía daba palazos y la gente dejaba tiradas sus cosas. Y la madre se la encontró hecha un bollo. 
Se preguntó Jacinto si el Papa tiene que ver con el otro Papá, Noel, tal vez sí se respondió, porque Francisco también anda disfrazado. Y se parecen porque nunca ninguno de los dos irá a visitarlo. Cómo les gustó estar en esos terrenos nuevos a la mamá y a los hermanos de Jacinto, y a Jacinto también, si hasta jugaron al fútbol y estaba tan lindo, no había olor. Hasta que vino la policía. Por qué será tan mala la policía, una vez quiso saber  Jacinto, y su mamá le dijo que lo que pasa es que están envidiosos, porque saben los que les dice el cura que va a la villa: "el reino de los cielos será de ustedes". La mamá de Jacinto es creyente, por eso se enojó cuando Jacinto le dijo que el Papa Francisco no servía para nada por haber dejado que los echaran del predio que lleva su nombre. La mamá le dijo que el Papa no puede estar en todos lados como el Señor sí lo está.
Jacinto tampoco entendía de qué estaban disfrazadas esas personas que ahora desaparecieron y que cuando pegó la poli ahí estaban, excitadas, con unos cables y unos micrófonos, tan bien vestidas, haciendo gestos a unas cámaras. Ese será el disfraz de la mentira, imaginó aquella vez Jacinto, cuando escuchó los disparates que decían. Se acuerda de una rubia que se enojó y empezó a insultar al aire porque sus finos tacos se hundieron en un charco. Y nosotros qué tenemos que hacer, maldijo entonces Jacinto, los tenemos que matar a todos porque vivimos hundidos en la mierda.
Allá muy lejos volverán a sonar los estampidos de Navidad o del Año Nuevo. Pero Jacinto sólo pensará que es la policía que anda de ronda. Porque no sabe de felices. 

martes, 29 de noviembre de 2016

El cielo que se nos viene

Cuba es casa y papá se ha ido. Allá los pibes en la escuela dicen que serán como el Che, cualquiera en la calle habla idiomas, cualquiera en la calle es universitario, profesional, con el mar gigante acechando y del otro lado el mal gigante. Y qué… En Cuba no hay muertos de hambre como por acá o por allá, ni nadie da a luz en un pasillo, ni los pibes se desnutren. La isla que hizo república libre Fidel, sería un paraíso para los más de mil millones de hambrientos que se amontonan en el planeta. Buenas noches papá, allí dónde te has ido. Disfruta de la bienvenida del Che, en el minuto que te dispensa mientras multiplica transfundidos. Estamos en contacto, Fidel, que nos llegará del cielo la revolución de los dos para evitar el infierno.

viernes, 18 de noviembre de 2016

Muros

Días atrás se cumplieron 27 años de la caída del Muro de Berlín: debajo del último cascote demolido, renació robustecido el neoliberalismo y ahí el capital especulativo comenzó con su fiesta arrasadora. Sin el comunismo el mundo es un trozo a devorarse cada minuto por los grupos concentrados. Pero de tanta panzada, a los ricos la muerte se les vino encima como una premonición del propio final. Ya en Europa no saben cómo desterrar a los desterrados por el hambre que llegan de todas partes. Sus mares están regados de cadáveres. Ahora el lascivo Trump quiere levantar otro muro que igual treparán los mexicanos aunque su altura raspe los cielos. Israel no sabe cómo amurallar más a los palestinos, pero eso no basta para que deje de retumbar su heroica resistencia. Aquí mismo, en la sodomizada Argentina, hay muros sobre las villas y los millonarios se esconden cada vez más en mansiones fortificadas y ya andan en autos blindados y ya se arman como propone Macri y su ministra de Seguridad, porque saben también que se les vienen encima los que no pueden comer. Prefiero el primer muro porque el capitalismo sabía que no podía pasarse de la raya. Ahora estamos libres en el mercado, que se empacha de nosotros los comunes, los marginales. Llegará el día que se atragante y muera. Mientras tanto, los pueblos vamos y nos aplastamos unos con otros, esperando como lombrices de su carnada.