martes, 21 de septiembre de 2010

Traidores

El insistente tiempo te hace lento. Se pueden hacer millares de obras, pero no hay mayores universos que detecten tu movimiento. Y sin embargo danzan cerca tuyo los traidores, subalternos de esta especie malograda. No se saben qué buscan. Creen ser plenos por adueñarse de tus supuestos merecimientos. Pero todo es el reino de la nada, y mientras peleamos por miserables porciones de sustento, se van renovando, incesantes, humanas bandadas.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Sin sangrar

Sabemos que no hay desastre mayor que vivir. Sin embargo me envuelve la risa de un amigo, mis dedos rozan dedos, y no se sabe bien el motivo pero estalla la carcajada. Pero es siempre lo mismo. Yo me imagino queriéndote, y vos nada, eligiendo el desconsuelo de otras horas derrumbadas. Seamos felices sin las malditas perdices del desamor. Seamos conscientes de que el amor es de repente y que mientras tanto nadie sangra.

martes, 14 de septiembre de 2010

Rutina

El mundo es bueno porque me miraron sus ojos. Aunque sus ojos sean un derrame de dolor, y yo sea la insignificancia de volverme rutina y no entender.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Delirium

De perros, la vida debe acomodarse entre perros. Abrazarse a ellos, ir a trabajar con ellos, rascarse la panza para que sepan que estamos aburridos, revolcarnos y que la cola se nos agite para irnos. Perros geniales que nos lamen sin preguntar si es necesario preguntar tanto. Perros que con sus bocas entreabiertas saliban felicidad porque los perros son felices cuando se les ocurre. Cada vez menos me parezco a los de dos patas, que cagan sin avisar.
* * *
Esquirlas de pasados que no fueron. Inventos de una vida que se ahogó. Fuentes embriagando ausencias, incendios sin fuegos, ráfagas sin aire. La pálida emoción se adormece, letargo sobre letargo largo, días que se empecinan. ¿Qué es lo que quiere mostrar el tiempo? La impudicia del desgarro. Ansiada es la noche que envuelve en el sueño, y que nos cuenta el cuento que no es.
* * *
Estoy feliz de no estarlo. Me derrumbo en el sillón y mi perra me acaricia y me dice que no hay que dormir todavía. ¿Por qué? Porque dejé un libro sobre otro y están haciendo el amor. Fornican los libros y es un placer ver la prosa besada por el verso. Procrearán los libros millones de libros para que se atasque el pensamiento. Se me hace ruina la memoria. Estoy entendiendo que nadie entiende. Muy bien, pero ya ni hay chicas intelectuales.
* * *
Dicen por ahí que no hay tiempo para nada. Y a mí me parece que algo grave está pasando porque a los segundos de mirar el reloj, ya estoy en otro día. Me crecen las uñas de una rato para otro, y ni hablar del pelo y la barba. En este instante que escribo soy un hombre maduro, pero por la mañana mataba soldaditos de juguete. Tuve aplausos y al minuto el olvido. La fiebre del amor apenas es un silencio. A última hora temo que todo mi pelo sea blanco, y que al amanecer lloren sobre mi cama mis deudos.

Ultimatum

Expulso en un último intento las cenizas. Me abrazo al árbol fresco y el aire aún inventa torbellinos en mi cabeza. Agarré la vida antes de que caiga. Aprovechemos aún, que está distraído contando penas el destino.

La especie humana tiene recodos, rincones improbables donde la luz derrama su cansancio. Hay sonrisas que abarcan a buenos e impostores; los residuos se hacen flores, se abre paso insolente, un camino.

No quiero vivir vivando, no quiero vivir callando. Que el porvenir que está pasando no me permita el olvido, ni renegar en vano. Que sea una brisa que susurra lo que el mar va murmurando. Que pueda avivar el fuego, para encender la ternura y hacer arder los desencantos.

Una rima que me lleva, un amigo que me brinda, una mujer que me trae, a dormir llego tarde. Grito en la tribuna y grito por la hambruna de los conjurados al desmadre. Es muy frágil la conveniencia de mirar para otro lado. Es tenaz la conciencia: no seré pasivo horror, frente a la rutina del desastre.

Desideratum

Habrá gente decente y demente pero presente
Habrá gente consciente de repente y sonriente
Habrá gente competente y habrá gente delincuente
Habrá futuro suficiente para inventar un repelente
Y habrá gente pertinente para matar al gerente
Que miente

Memo el inolvidable

Siempre daban ganas de abrazarlo a Memo. Porque en ese abrazo uno celebraba la felicidad de una tarde con Defe, de amigos, de ascenso, barrio y fútbol, de sol y triunfo, de ilusión. Porque Memo era todo eso junto. Y su inolvidable grito de un “dale de” sin final, inaudito, único y hasta envidiado por las otras hinchadas, era el verdadero pitazo de que el partido había empezado. Qué tribuna se está armando en el cielo con Marquitos, el Gordo Toti, el otro Gordo Cacho, el Flaco Ritacco, Altieri, y ahora Memo, que bailará eternamente su carnaval sin esos compromisos terrenales que obligan a esconder la sonrisa. Memo era de comparsa y fútbol, de Saavedra y Defe, de llanto y grito. Llegó un momento en aquellos tiempos donde el ascenso le robaba la tarde al sábado, que Memo iba de visitante como pancho por su casa, y se metía de gorrito rojoinegro en bufetes extraños, y ahí se quedaba campante haciendo la previa ante la mirada respetuosa de los locales. Como antes, como era antes, Memo no toleraba la ausencia de códigos y a los irresponsables no los perdonaba. Alguna vez devolvió una bandera ajena obtenida por algún arrebato. Qué dijeran lo que dijeran, a él no le importaba. Era capaz de darse toda la vuelta, treparse al alambrado y restituirla. Pero también era capaz de abrirse la camisa para ponerle el pecho a algún ataque de grupos contrarios, para defender los trapos propios y esencialmente, a su gente. Pero de todas maneras Memo era un tipo que gustaba saludar más que pelear, besar más que atacar, separar más que agredir. Memo era un pintor de brocha gorda que aprovechó para pintarse para siempre su corazón de rojo y de negro. Su amor y lealtad por Defensores, su enorme pasión que provocaba que quedara temblando un rato después de cada partido, serán dificil de olvidar. Porque no se te olvidará, Memo. Tu inacabable grito retumba, va y viene, es el eco de los que no terminan de irse nunca.