martes, 22 de marzo de 2011

24 de Marzo


Cada vez que es 24 de Marzo quiero salir a matar o a matarme sin salir, despacio, por la desgracia de la humanidad.
Estaban ellos inventando mundos distintos, porque eran distintos, cada tanto se dan unos distintos, y los mataron a todos.
Era distinto mi primo, por citar, que se rajó las vestiduras de dobles apellidos y quiso como el Che darles a todos lo mismo, y pobre Gustavo y Ernesto si supieran que hay una clase política que se hace llamar popular desde privilegios y mansiones.
Tanta juventud deshecha, la generación inteligente, que no aceptaba diez para el dirigente y uno para el indigente.
Represores, milicos hijos de puta, por más medios que haya cobijando a delincuentes (me acuerdo de Aldo Proietto, hombre de la ESMA, blanqueado por Fernando Niembro en Radio Del Plata y Fox), seguiremos cada 24 de Marzo recordando a la generación con huevos, a la que se le animó a la ternura, a la que resolvió que había que tomar las armas porque no quedaba más que enfrentar así a la insistencia de la explotación.
Perón fue por fin lo que era, de derecha, y los entregó.
Ernesto, mi primo Gustavo, Evita, se abrazaron llorando en la mejor nube.

martes, 15 de marzo de 2011

Gozar la tormenta


Feliz en la inmensidad del no sentir. Soy un motor impulsado a sangre y desvelo, pero sin pensamiento. Para qué pensar si después fingir. La felicidad es la plenitud de la inconciencia. “Todo discurre bien por la superficie de la vida”. Andar liviano es andar al menos; sin fatiga ni proyectos, ausente en los planes, con memoria de a ratos, para no olvidar que el futuro no es más que una suma del pasado. Dormir, soñar, despertar, caminar, volver y salir, oler alguna vez, reírse de una mosca, taparse los oídos en la ciudad y gozar la tormenta y su revancha.
“Si no se espera todo o casi todo, todavía se espera algo”.
Amén

martes, 8 de marzo de 2011

Mujer


De qué sirve el viento sin tus alas.
Me cobijas, mujer, te amé tanto que ya no puedo, me cohíbe tu incesante claridad.
De todas la maneras te miré, mujer, de pollera y pantalón, de desdicha y con flor, fuerte, vigorosa, seductora, imposible.
Por algo venimos de vos y hacia vos vamos. No tiene sentido más que tu canto, tu voz cuando ríe, esa piel soberana a la que no hay más que rezar: para que no se acabe, no sea rugoso rigor, nos permita la última caricia. Qué raro es verte hermosa en dramas, qué raro es verte madre, obrera, dirigente, empresaria, puta si quieres, y al rato como que no pasa nada. Dueña del que se cree dueño, dueña de todo, como la naturaleza que el hombre cree que domina, y cuando se le antoja se hace jardín, y cuando se cansa se convierte en tempestad y trueno.

martes, 1 de marzo de 2011

Mariano


Rompieron de nuevo el amanecer. No hay excusa: somos la inferior escala animal. Pero Mariano quería escapar de la vulgaridad de su especie, y no lo dejó una turba mustia en su última degradación. Mariano tenía 23 años, una edad sospechada por el poder humanoide. Ese poder cuyo corazón gotea herrumbre, músculos mecánicos que sólo bombean lastimosas ambiciones hechas de eructo y metal.
Es que Mariano era distinto y se le notaba en su muerte de barba hacia el cielo como el Che, como Santillán, como tanta excepción que nos confirma la humanidad desecha. Era distinto Mariano porque indagaba, estudiaba, acariciaba su músculo cerebral con la suavidad de las páginas de un libro, porque luchaba y era solidario por nada. No esperaba pago ni ubicación, y muchos menos que le ataran las ansias por un soborno salarial. Los vertebrados con columnas de infectos no toleran a los Marianos, a los jóvenes, a la insolencia de la justicia. El poder no puede querer. Está hecho para la acumulación y la vergüenza del resto. Hubo una época de raros ejemplares de la especie que quisieron sublevarse. Como Mariano, fueron asesinados de a miles. Y la muerte sigue de ronda en los suburbios de la fiesta, porque hay que matar y condenar a los niños que se atreven con las migajas.
Mientras tanto esta rara vida sigue, con los ricos y su corte engordando, su poder apaleando, y la madre tierra desesperada que se pregunta por qué no son los animales superiores su protección.
Mariano Ferreyra: los perros, algunos gatos, y sus mayores felinos, leones, hermanos equinos, peces de toda estirpe, invertebrados, los que abundan en sus patas, y se sienten ejemplares bien alejados de los que se dicen dueños de la razón, las razas superiores, te están recibiendo…

martes, 22 de febrero de 2011

Vuelvo


De regreso a la niebla. Están pujando por no se sabe qué acá al lado y por abajo suenas bocinas de apuro para llegar antes al atardecer que desfloran. Vivir al revés, esa es la cuestión. Consumiendo el aire que nos hace mal vamos de corbata para que así se rían las viejas ramas que aún no sucumben. Me duele el cuerpo por no dejarlo ser cuerpo. La humedad oxida las ideas. Pero vuelvo a la prisión. Somos demasiados para tanto error. Estamos ansiosos por nuestra tumba. Quién dijo que el hombre es sabio. Pero soy su especie y no salgo vivo.

martes, 18 de enero de 2011

Con suerte

Todos tienen ambición, pero la piedra se acomoda levemente tras el nuevo sueño. Estamos hartos de estar hartos, porque de repente ya no es angelical ninguna cara. Nos hacemos de la corriente negra y vamos flotando entre náuseas que disimulamos. Cómo amar en medio de tantos. Si el calor, los ruidos, los humanos deshechos, nos promulgan el abandono.
Qué encanto el abrazo del aire. Qué sincera la amistad de los animales. Nacimos solos, y moriremos con suerte, abrazados a ellos.

martes, 4 de enero de 2011

Por ese beso

De repente se avergüenzan los celos
El infatigable olvido pide un descanso
Y demasiadas miserias se ponen serias
Hay un mantel florido en la mesa del espanto

La gente es buena y son ríos sucios un encanto
No existen traiciones, la vanidad está de feria
La muerte anda de entierros de sus parientes
La humanidad condena la insistencia del fracaso

Son niños los que nacen en cunas de algodones
La lluvia es un invento divino que lava cicatrices
El prójimo es un intento de mirarnos para adentro
Nadie llora el hambre, somos como somos: iguales

Y todo por la sonrisa y ese beso
Por saber de mí sólo un segundo
A mí le vida se me quedó en eso

Pero si te olvidas de volver a mirarme
El mundo estallará otra vez en pedazos
Y seré de nuevo habitante, de su reverso