jueves, 12 de junio de 2014

El capitalismo más desquiciado juega el Mundial


Las primeras firmas de la cobertura mundialista de los medios hegemónicos de la Argentina, son las de periodistas a los que nunca se le escuchó una definición, ni escribieron alguna línea que les delatara el pensamiento más allá del circunstancial ir y venir de una pelota. Nadie sabe que alguna vez hayan despotricado ni siquiera contra el degradante poder que controla al fútbol en la Argentina. En realidad ocurre todo lo contrario, más de una vez de sus silenciadas bocas ha salido, muy gentil, el “lo felicito don Julio”, “gracias, don Julio”, “no hay de qué, don Julio”.
 El símbolo del yo no me meto ni para decir si hay o no penal, el más grande rey de juego del distráido ante cada cambio de gobierno, el genio de la conveniente indefinición, Enrique Macaya Márquez, sigue como enviado y subsistiendo en un sector del sistema, el de los medios, el del gran circo del fútbol , donde como diría Charly, “es mejor mirar a la pared…”. Nada es casual, aún a sus 80 años parece útil su imagen imperturbable del no te metas, y eso es lo que pretende el sistema que se  exacerba en un Mundial de fútbol, y más en éste, donde el desenfado del capitalismo en tan enorme que verdaderamente angustia por su impunidad.
¿Dirá Macaya que en Brasil hay unos 100 millones de brasileños que no la pasan bien en su vida diaria, pero que tienen que soportar que el Estado invierta 15 mil millones de dólares para un evento deportivo, cuando lo urgente, lo que reclaman, es que no haya tanta pobreza, que sea más decente la salud pública, que haya más viviendas populares, que la educación y el transporte no sean un dificultad? No creo tampoco que los otros muchachos pongan en disgustos a don Julio, diciendo que la FIFA es una mera oficina que representa a grandes empresas y marcas internacionales y que es a la vez gran servidora de la banca internacional.  Cada cuatro años encuentran otro pretexto para una mega facturación a costa de gente y naciones, tal como ocurre con las guerras y la industria armamentística: hay que hacer guerras o mundiales para ganar mucho dinero
De Sudráfica 2010, ocho de los nueve mega estadios quedaron en desuso. En Brasil llegaron a hacer un estadio en la selva de Manaos ante el horror de los indígenas , donde no hay equipo brasileño de primera división. Lo inaugurarán Inglaterra-Italia, después habrá algunos partidos más, y luego su destino será el de una momia de cemento que tal vez futuras generaciones tratarán de entender.

Qué extraño mundo es este, donde un puñado de seres desaforados mastica fojas de billetes, a costa del exhausto alimento de la mayoría , que atónita apenas si proyecta el día y mira desde un aparato ese gran banquete.         

martes, 3 de junio de 2014

A 90 años de Kafka


Eras lánguido, con tus ojos desbordados de asombro y a pasos gigantes esquivabas los inviernos de Praga, mientras tus huesos crujían en la biblioteca del barrio judío.
Todos fuimos kafkianos soportando caricaturas de la cultura y bochornosos gobiernos que vivían su circo en Castillos construidos a nuestras espaldas, y morimos de verdad y tristeza en un Proceso donde al final la salida podía ser caernos de un avión o mutar del día a la noche en Desaparecido. Pasamos casi por debajo de nuestra puerta como desanimados insectos, tras la brutal Metamorfosis por un amor que nos dejó.
Los laberintos de esta vida en pendiente fueron ocupados con tus libros y tus cuentos y esas cartas que tanto amó Milena y que tu padre desdeñó.
Quién sabe qué dios quiso que tu amigo Max salvara tus textos. Hoy, a 90 años de tu joven muerte no debo olvidarte Franz, porque leerte fue saber que la literatura es la alquimia que transforma en ornamentosas las horas vacías.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Papi cumpliría noventa

Hoy cumplirías noventa años y soplo al olvido, papá. Levanto la copa con mi sangre que es la tuya, y cuelgan guirnaldas en mi corazón con fotos de tus mejores sonrisas; no hay regalo mejor para vos que mi reconocimiento de hijo. Te debo la honradez, papi, la boca en trompa cuando la falsedad me quiere dar de comer, y bebo de tu memoria la rebeldía desde que tu niñez y la mía fue andar rodando sobre espinosos cardos.
Andábamos de la mano hasta de pantalones largos. Fuimos confidentes, yo te conté de mis primeros amores, vos de tus penúltimos. Tu agenda supo salpicar Buenos Aires: tango, fútbol, y ese final de bandera verde que una vez te vi gritar en Palermo. Pero la vida te alejó de la ciudad, justo vos que temblabas en la Bombonera o escuchando al Polaco o leyendo en Don Banchero la historia de San Martín. Ya no fuiste el mismo, te alejaste a un bosque en donde a empujones llegaron tus viejos fantasmas a volver hacer la vida imposible. Tardabas más en tomar otra vez mi mano o que te calme la caricia de mi hermana Lucrecia. Al final te sentaste a ver llegar cada otoño desde una silla de jardín.
No hay un altar que construí para vos porque no rezo, ando con vos encima en mi hombría y cuando soy padre. Hubieras cumplido noventa años y me hubieras dicho “dejá de joder” Martín por celebrártelo. Cada tanto te extraño mucho, viejo, todos los días te tengo.

miércoles, 30 de abril de 2014

Feliz día del ángel

Dicen que hay que saludarte por el día del animal… Pero yo te considero mi amiga infalible y los que andan por afuera son los animales que mi vocabulario considera. Vos, Mora, sos el ángel que no cae sino el que espera cada mañana que despierte, que revuelca en el piso su felicidad por mi caricia, que huele traiciones sin chistar y me ama siempre, de cualquier manera, a toda hora, llueve, truene o aunque tenga ganas de morirme. En ese caso vendrá despacio y se acomodará en un costado esperando que reviva, y sabrá el momento justo para volver y limpiarme con su lengua los restos de mi desdicha.
Los animales están afuera, Morita, esos que hacen la guerra o matan de pobreza, o mienten y estafan y venden la dignidad al mejor cambio de pizarra. Pero vos estás adentro, y me mirás desde el sillón con tu mirada buena, y me permitís compartir y gozar tu espléndida vida de perro...

sábado, 19 de abril de 2014

De Pascuas

Hay miradas que desvelan, sean desde ojos negros, tenue tierra o celeste mar. La mirada que nos abraza es todo, porque cuando nos miran así puede haber amor si titilan esos ojos, si el brillo enceguece, y si mientras tanto la luna da un vuelco y empalidece… Habrá llegado de repente, entonces
Ese amor, tan lánguido y tan buscado, tan ardoroso que no sabemos si somos nosotros mismos los que nos amamos.
Quien abraza con los ojos, como aplicando su último veneno de víbora que retuerce, de inacabada pasión, de milagro y último beso, y se jura morir para vivir, encontrará seguramente enfrente ojos ciegos, mutilados, tan hartos de no ser vistos, desiertas las pupilas, ahora que fue nunca la hora.
Como el brillo cruel, blanco, vacío, tan tenue de la reinventada nada, que finalmente anda
En abril, en Pascuas…

Esperando a Alcón

Un monumento de actor, un alma bella y sin fondo, un bondadoso, buen compañero, tan inteligente, verlo a él era ver a la cultura corporizada, a la gran sensibilidad en zapatos.
Una de mis mejores notas se la hice a Alfredo Alcón, para Al Margen, una revista de cultura y política que yo editaba a puro pulmón. Me recibió como si recibiera a The New York Times; hablamos en la platea del teatro Andamios más de dos horas. Fue increíble: los espectadores –estaba haciendo “Esperando a Godot”- empezaban a entrar, y los dos seguíamos en las butacas a pura charla. Hubo tan buena onda que nos vimos algunas veces más.
Pero eso es anecdótico. Uno lo que se dice a sí mismo cuando muere alguien como él, es que no hay reemplazo, que la existencia no da reemplazos, porque hay seres únicos y únicos en lo suyo. Está de más decir que Shakespeare se vino de las postrimerías del cielo para recibirlo.

miércoles, 9 de abril de 2014

Paro general

Hago un piquete y bajás los brazos. Hay huelgas de los sentidos y no entendemos qué nos pasa. Me transporto sin conductor hasta la cabecera de tus sonidos, y me arrastra el único tren que en sábanas planillas no figura anotado. Hay sirenas que no deben sonar en un día como hoy, pero nos revelan estar vivos cuando todos mueren. Marchamos por la injusticia de no amar siempre, y las banderas se levantan por el último ardor. No hay como aquel pasado -hablan los diligentes-, pero está de paro nuestra memoria. Vamos en conciliábulos al corte del último beso…