sábado, 5 de abril de 2014

Otoño

Soy feliz en otoño. Vuelvo a ver el viejo camino de hojas amarillas, y siento que otra vez caerán de mi árbol los viejos y secos pesares, ruinosos brazos se quebrarán en ramas y ya no me alcanzarán, y aquel retoño fulgurante y breve rodará definitivo y mustio por el sendero. Ahora en abril creo que estoy hecho de esperanza, y pisoteo las hojas como acabando para siempre con pasados que se fueron del corazón y apenas hacen ruido bajo mis pies. Sonrío frente a la nueva brisa por este impensado andar despierto, todavía de pie, a buen ritmo, y hago una marca en la tierra como que de acá para adelante se detendrá el sangrado de los desengaños, y seré apenas una hoja que vuelva a dejarse acariciar cuando la luna llega y resista los vendavales de la desazón. El otoño tiene pausa de estival ardor y ahí voy por su camino lento de final armando mi principio de un nuevo vuelo, suave, casi imperceptible, como nunca tan al ras.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Los casinos: el opio del pueblo

Es una declaración de principios y creo, definitiva. Quiero arrancarme de una vez los vicios que me impulsa este sistema. Milagrosamente dejé de fumar, pero llenos de tabaco están los casinos y sus empleados a quienes obligan a enfermarse. De qué me hablan cuando hablan de gobiernos populares, si no paran de inaugurar casinos que le sacan la plata a la pobre gente, a la que me incluyo. En Palermo, en lo de Cristóbal López , y en Puerto Madero que compró también, hay pisos superiores donde es bienvenido el humo de todos, y los pobres chicos empleados que tosen disimulando. Si los gobiernos fueran revolucionarios, no habría casinos. Pobre gente, le inventan una ilusión de tener más dinero, pero el casino en la Argentina es un recaudador político. Es todo robo en nombre de la democracia. El capitalismo es enfermo y trata de convertir a cada uno, en adicto al dinero. Yo caí otra vez en sus garras, pero juro que nunca más, nunca más, como suena el homenaje a esos jóvenes que no hubieran tolerado tanta timba a costa del proletario.

lunes, 24 de marzo de 2014

En memoria de mi primo detenido-desaparecido

Extracto de la obra de teatro en preparación, inspirada en mi primo Gustavo Varela, detenido-desaparecido por la dictadura militar
Gustavo (estirando los brazos en forma de cruz): ¡Estoy de vuelta en la vida…! ¡No pudieron matarme, no delaté a nadie, estoy vivo, vencimos, viva la lucha, Patria o muerte…! (baja los brazos y respira hondo, baja el tono de voz) Pero debo tranquilizarme, eso me han enseñado todo este tiempo. La mente pierde oxígeno si uno se enfurece, no se piensa bien entonces. Vengo de estar en un espacio infinito de paz. He sufrido numerosas intervenciones en el corazón y me han extraído la glándula de la pasión. También me dilataron las pupilas con un bisturí incandescente. Creo que fue una operación riesgosa. Pero mi vista ha pasado de largo los horizontes. He visto a trasluz, he visto en la oscuridad. Lo he visto todo a la vez. Sin embargo, no hubo manera de reducirme la sensibilidad ante determinados recuerdos. Aunque por mis tan dilatadas pupilas ya no puedan correr lágrimas. No soy lo que fui, pero mi memoria está intacta. De donde vengo es obligatorio no olvidar.

martes, 18 de marzo de 2014

Dasafinar

Tengo una palabra, un vaso acaso, la imagen, esa mujer, es un concierto mi gran vida que desafina. Y todos salen a matar, a sobrevivir, nubes negras, asfixia, rutina sin descontrol. Amantes que se etiquetan para huir, horarios, fiebre, vamos en llamas, nadie nos consuela. El que amamos no nos ama y no sabemos a quién amamos. Aparatos de TV y pensamos que no es esto lo que quisimos para morir. Morir escribiendo, medios borrachos, con un rubia harta de ser cuerpo que recita casi harapienta nuestro peor verso.

sábado, 15 de marzo de 2014

Dale

Tengo golpes en la espalda que me dicen que me estoy poniendo viejo. La mente se obstina en la lucidez, pero los huesos crujen. Hay veces que pienso como Charly, para qué todo lo que di, pero vuelvo a otro rock y es renacer, pero estornudo en los cambios del clima, y tengo mal los pulmones, y la vida clínica y cínica que factura para qué, si alguna vez no será más nada .Las chicas chicas no entienden y las chicas grandes son mayores, y yo sobrevivo mirando la belleza que no me corresponde porque así lo dictaminó un reloj. No me importa el tiempo, si es nuestro obstinado vencedor. Que las locas vayan de locos, que nos encontremos de pedo, porque en un rato, nomás, esto se acaba.

sábado, 1 de marzo de 2014

A ella

Me estoy por ir pero no, es tu ausencia la que me deja,
No, no te vayas, por favor
Mi único tu amor era tan bello, todos lo admiraban
Y yo recuerdo, tu frescura, tu pelo rubio,
Hay veces que es duro por querer tenerte como eras
Pero te amo igual baby, nadie me dará lo que diste
Tan voraz, saboreaste todos mis impulsos
Vaciado sin poder ver a nadie. Vayamos del brazo, mientras tanto
Que por habernos devorado tanto antes, no sabemos qué hacer
A vos ya te sobra el tiempo, y yo me he vuelto el sacerdote de tus curas.

sábado, 1 de febrero de 2014

Las vecinas iluminadas por los cortes (una historia colosal, con Edesur de artista invitado)

Primera parte
Sólo quedaba en pie el ascensor de servicio. La luz de los palieres se iba apagando gradualmente. El portero acercaba más ventiladores a los inmensos tableros térmicos de la torre que parecían a punto de convertirse en lenguas de fuego. Todavía todos tenían luz, pero algunas vecinas aseguraban volviendo del mercadito de los chinos, que esa noche explotaba todo, que de vuelta a dormir sin aire ni ventilador en el balcón y en bombacha. Pero el miedo real no era dormir a la vista en paños menores, se temía en verdad que volara en pedazos el sistema eléctrico del grandote de cemento de 19 pisos, y ahí sí que el infierno hubiese sido para siempre en esa esquina de Monte Castro. De repente a una de las vecinas le sonó el portero que todavía era eléctrico: “Soy de Edesur, señora, usted llamó, no? Bueno, no se preocupe que el edificio tiene luz, está todo bien. Hasta luego”. La vecina, astuta, le dijo que la esperara que iba a bajar para agradecerle. El operario habrá pensado en alguna dádiva porque suele pensarse así los servicios en esta ciudad, y esperó. Cuando la vecina llegó, primero amablemente le preguntó si había revisado todo bien. Sí, mire, le dijo, y la llevó al sótano. Ve, y encendió un artefacto que determinaba que en ese lugar había luz. Pero mirá, querido –se trataba de un joven, todos son demasiados jóvenes los operarios de Edesur-, ves los ventiladores que pusimos, este tablero está por reventar, por qué te creés que ya no arrancan los ascensores y ya no hay luz en los pasillos? Subiendo al palier, el muchacho abrió su Handy y comunicó que “todo está bien, tienen luz”. Pero pibe, ya intranquila la señora, vos tenés que solucionarme el problema, si vos sabés que en unas horas revienta todo. Cómo vas a decír que está todo bien… Yo no puedo hacer nada, señora, llamen a la cuadrilla… Otras dos vecinas ya acompañaban a la primera, y una cuarta tocó todos los timbres: “¡bajen!”. El operario dijo, bueno, yo me voy, y en ese momento la señora que había llamado a Edesur cerró la puerta de entrada “vos de acá no te movés”. Eran casi las 9 de la noche del viernes 17 de enero. Llegaron más vecinas y algunos maridos. El operario quedaba secuestrado. A coro las mujeres le exigían que volviera a llamar a Edesur y dijera la verdad de la situación. Y que informara que quedaba retenido hasta que llegara un equipo técnico eficiente. Llamó pero ya habían archivado el caso y eso que el edificio la había pasado mal desde diciembre. Le prometieron igual que iban a mandar una cuadrilla, cuando la única en toda la ciudad, se desocupara. En un descuido de las chicas, el operario activó el Handy y dijo algo ininteligible. A los pocos minutos, tres miembros de gendarmería se metían en el atestado palier para proteger al muchacho. Hacía mucho calor, la gente estaba una sobre la otra, corría la transpiración, algunos olían el aroma cruel del fin del día, pero nadie se movía. Cada tanto algún vecino recibía el salvoconducto, y entraba o salía para alguna gestión puntual y previamente informada. La prostituta del noveno llegó a las 11 y media, y un marido se apresuró a abrirle. Fueron las vecinas las que le abrieron un imposible hueco para que permaneciera únicamente con ellas... (Continuará)