Escribir en plena libertad, sin mordazas, disfrutando de la creación. Que las palabras puedan jugar entre ellas, aunque vayan a decirnos las penas.
jueves, 8 de junio de 2017
Por izquierda
Tengo mi lado derecho paralizado. Soy izquierda al comer, al mirar, al escupir, al amar, al doblar, al hablar, hablo con mi labio torcido apuntando a la izquierda, paro el colectivo con la mano izquierda y le digo a Macri que pare la mano con la izquierda. Soy zurdo al escribir, le pego con la zurda. Frunzo el ceño con la ceja izquierda cuando los profesores no me convencen, cuando me habla un político, cuando otro periodista quiere justificar su esclavitud. El meo me sale para la izquierda, el corazón a veces parece que se sale por la izquierda del pecho, los latidos cuando amo o sufro los siento por izquierda. Me derramo en la cama por izquierda, y aunque no lo ejerza, sé que el amor clandestino se construye por izquierda.
sábado, 3 de junio de 2017
Antes
Antes de la nube inmensa, antes de que seamos invisibles, antes de ser devorados por las máquinas, antes que Guevara sea olvido, antes que la flor púrpura pierda su color, antes que el conjuro de energúmenos absorba el planeta, antes que los guardapolvos blancos se conviertan en reliquia, antes que el sol muera antes del ocaso y la luna no se vea, antes que la cena sea sólo pesticida, antes de que se nos muera la piel sobre el cemento, antes de todo el aire intoxicado, antes de que sea obligatoria la inyección de TV, antes de no darnos ni un saludo, yo te quiero abrigar, querida, consolarte con un abrazo excesivo y escribir mi gran línea, una imperdible escena de teatro, sucumbir otra vez con tu recuerdo y que mis últimas palabras tengan música, que el mar inmenso nos refresque y sea el aliado, que los inunde mientras alcanzamos a decirnos todo y darnos cuenta que es nada. Besar a quien se deba, con los cuerpo despojados, exhaustos de libertad… Y que esto haya sido todo.
viernes, 24 de marzo de 2017
Refugio
Recuerdo a veces esa mirada. Blanca y verde. Centrifugo el tiempo y ahora somos dos desentendidos. Pero de nuevo están tus fotos, el ayer tan lengua larga que se fue y me he vuelto a enamorar apenas ese segundo sin tenerte. Nada más parece que puede amarme después de vos. De tanto encender nos apagamos. Mi corazón explotó una vez y con los restos no sé qué hacer. Debe haber algo más…. Rindo amor a mi perra, a mis plantas, a gatos prestados, a la lluvia, al olor, bebo la humedad y hago fiestas con ella en mi soledad porteña. Pero siempre aparecen tus ojos verdes para rendirle cuentas a la memoria. Tormentas, ventarrones brutales que al final amanecen en tus ojos. La tragedia ya no permite transpirarnos. Hoy vamos de la mano sin consecuencias. Somos refugiados de un final.
sábado, 28 de enero de 2017
Cumplirías años
Hoy cumplirías años, mi querido amigo, y no suena mi llamada en tus profundidades siderales
¿Dónde andarás para soñarte? ¿Serás el incandescente habitué de azules estelares?
Te busco en el cielo despejado, en la magnitud de la nube vasta y hasta en la tierra.
Es que tal vez te agite la risa imaginando que nos creímos tu partida
Ya sé: habernos creídos vivos, una humanidad fatigando sin saber la mentira
Pero tu fecha es mi nostalgia, Gustavo, porque la amistad se presentó contigo
Ahora la que está presente es esta soledad cargosa que me acosa con motivos
Zonceras que mienten al tiempo que me pone más viejo sin tu presencia
Eso no te lo perdono Gustavo, porque no sé qué hago ahora sin vos y con mi conciencia
Brindaré de nuevo con el clamor de tu recuerdo, eres mi gran amigo aún después de muerto
¿Dónde andarás para soñarte? ¿Serás el incandescente habitué de azules estelares?
Te busco en el cielo despejado, en la magnitud de la nube vasta y hasta en la tierra.
Es que tal vez te agite la risa imaginando que nos creímos tu partida
Ya sé: habernos creídos vivos, una humanidad fatigando sin saber la mentira
Pero tu fecha es mi nostalgia, Gustavo, porque la amistad se presentó contigo
Ahora la que está presente es esta soledad cargosa que me acosa con motivos
Zonceras que mienten al tiempo que me pone más viejo sin tu presencia
Eso no te lo perdono Gustavo, porque no sé qué hago ahora sin vos y con mi conciencia
Brindaré de nuevo con el clamor de tu recuerdo, eres mi gran amigo aún después de muerto
sábado, 14 de enero de 2017
Luna
(a Lucía)
Inmensa luna ardiente, tan blanca y desprejuiciada asomándote con tus montes claros por mi ventana
Luna desafiante en los muchos lutos de Occidente, en los tristes que aman nada, avería de resignados
Esta luna despampanante a los olvidados ilumina, da brillos a oscuros, a desamorados los despabila
La misma Luna que Cristo miró cuando supo todo en vano, la que enamorada a Guevara en la selva acunó.
La Luna deambulada por Pessoa en las estériles calles de Lisboa, Luna testigo de una carta: la de Walsh.
Luna que aún me sigue cuando no soy, Luna confidente que esconde en su poniente resacas del amor.
viernes, 13 de enero de 2017
Buenos Aires a solas
Bendita sin gente Buenos aires. Atravieso tu garganta de Corrientes en un par de tragos, me abanico en soledad en Palermo y allá más al Bajo todo huele tan a Pro ausente. Ellos y sus votantes deben andar tragando arena mientras yo me como un bife en San Telmo con un gomia que como yo le prende velas a la ausencia de la gilada. Ando por tus nuevas cicatrices Buenos aires, no me tocan bocinas y me doy cuenta que sos otra, que te hicieron para los fiolos con vento, porque amagás deslumbrar pero sos artificio y te vas haciendo pena cuando rumbeo hacia el sur. Me falta tu nuevo tango, Baires, como dicen los turistas del restaurant cuyas paredes muestran aquellos que nos dieron la porteñidad pero que sufren la indiferencia. El Polaco, Troilo, Piazolla, Sosa, el fulbo de Boca, Diego, Alonso y el Bocha, un Messi pibito, y hasta Borges y Sábato dibujados, pero le sacan foto a la carne los yonis. Con mi amigo casi que la escrachamos también, porque pasará un tiempo si es que pasa para gastarnos de nuevo la lucarda larga con la propina. Sin embargo Buenos aires todavía me seduce por el recuerdo, por donde vaya mi memoria se enciende , si en la calle Sarmiento la vi, por Barracas tengo dejadas entrañas, mi viejo paraba en la calle Paraguay, mi hermana vivía en Marcelo T y yo conocí al amor de mi vida en Talcahuano. Hice marchas en la calle Uruguay, laburé en Chacabuco, soñé en Avenida de Mayo, morí en Tacuarí. Tengo a Buenos aires en mi fluído sanguíneo, soy del viejo bajo Nuñez, vuelvo siempre a San Telmo, me protejo en Monte Castro y en Villa del Parque veo cine. No hay manera de desligarme de vos Buenos aires. Me vuelve el amor cuando te veo sola.
sábado, 31 de diciembre de 2016
Jacinto no sabe de felices
Jacinto ni sabe qué cosa es Papá Noel. Hacinado vive en la Villa 20 de Lugano y a los diez años tiene la rutina de visitar el calabozo invitado por policías disfrazados de personas. El hedor suele desbocarse hastiadas que están las napas de contaminación. Es ahí cuando no aguanta más Jacinto y sale y se disfraza de pistolero, y con un revólver de juguete corre para el centro de Buenos Aires a robar un celular que después lo vende en la villa por apenas unos pesos, aún el teléfono sea del último modelo. Y con el dinero va Jacinto y compra su droga barata y va y se olvida de todo y sueña sueños feroces a veces: se vienen encima sus caras amigas escupiendo pulmones desde el cementerio privado que tienen en el cementerio de autos.
Pero Jacinto a veces se duerme de verdad y sueña cosas lindas. Sueña con papá, no él, se aclara hasta en el sueño rememorando a ese tipo de disfraz rojo que vio mentir fantasías en la puerta del shopping. Con su viejo sueña, que sabe que volverá de la zafra de Tucumán o de pisar uvas en Salta para hacer el vino patero que después trae y todos prueban. Y sueña que va a venir con plata para poder comer. No sueña con regalos porque nunca le regalaron nada, salvo esa camiseta de Boca que tiene puesta y que se la dio su mamá después del revuelo que se armó cuando los echaron del predio Papa Francisco. La policía daba palazos y la gente dejaba tiradas sus cosas. Y la madre se la encontró hecha un bollo.
Se preguntó Jacinto si el Papa tiene que ver con el otro Papá, Noel, tal vez sí se respondió, porque Francisco también anda disfrazado. Y se parecen porque nunca ninguno de los dos irá a visitarlo. Cómo les gustó estar en esos terrenos nuevos a la mamá y a los hermanos de Jacinto, y a Jacinto también, si hasta jugaron al fútbol y estaba tan lindo, no había olor. Hasta que vino la policía. Por qué será tan mala la policía, una vez quiso saber Jacinto, y su mamá le dijo que lo que pasa es que están envidiosos, porque saben los que les dice el cura que va a la villa: "el reino de los cielos será de ustedes". La mamá de Jacinto es creyente, por eso se enojó cuando Jacinto le dijo que el Papa Francisco no servía para nada por haber dejado que los echaran del predio que lleva su nombre. La mamá le dijo que el Papa no puede estar en todos lados como el Señor sí lo está.
Jacinto tampoco entendía de qué estaban disfrazadas esas personas que ahora desaparecieron y que cuando pegó la poli ahí estaban, excitadas, con unos cables y unos micrófonos, tan bien vestidas, haciendo gestos a unas cámaras. Ese será el disfraz de la mentira, imaginó aquella vez Jacinto, cuando escuchó los disparates que decían. Se acuerda de una rubia que se enojó y empezó a insultar al aire porque sus finos tacos se hundieron en un charco. Y nosotros qué tenemos que hacer, maldijo entonces Jacinto, los tenemos que matar a todos porque vivimos hundidos en la mierda.
Allá muy lejos volverán a sonar los estampidos de Navidad o del Año Nuevo. Pero Jacinto sólo pensará que es la policía que anda de ronda. Porque no sabe de felices.
Pero Jacinto a veces se duerme de verdad y sueña cosas lindas. Sueña con papá, no él, se aclara hasta en el sueño rememorando a ese tipo de disfraz rojo que vio mentir fantasías en la puerta del shopping. Con su viejo sueña, que sabe que volverá de la zafra de Tucumán o de pisar uvas en Salta para hacer el vino patero que después trae y todos prueban. Y sueña que va a venir con plata para poder comer. No sueña con regalos porque nunca le regalaron nada, salvo esa camiseta de Boca que tiene puesta y que se la dio su mamá después del revuelo que se armó cuando los echaron del predio Papa Francisco. La policía daba palazos y la gente dejaba tiradas sus cosas. Y la madre se la encontró hecha un bollo.
Se preguntó Jacinto si el Papa tiene que ver con el otro Papá, Noel, tal vez sí se respondió, porque Francisco también anda disfrazado. Y se parecen porque nunca ninguno de los dos irá a visitarlo. Cómo les gustó estar en esos terrenos nuevos a la mamá y a los hermanos de Jacinto, y a Jacinto también, si hasta jugaron al fútbol y estaba tan lindo, no había olor. Hasta que vino la policía. Por qué será tan mala la policía, una vez quiso saber Jacinto, y su mamá le dijo que lo que pasa es que están envidiosos, porque saben los que les dice el cura que va a la villa: "el reino de los cielos será de ustedes". La mamá de Jacinto es creyente, por eso se enojó cuando Jacinto le dijo que el Papa Francisco no servía para nada por haber dejado que los echaran del predio que lleva su nombre. La mamá le dijo que el Papa no puede estar en todos lados como el Señor sí lo está.
Jacinto tampoco entendía de qué estaban disfrazadas esas personas que ahora desaparecieron y que cuando pegó la poli ahí estaban, excitadas, con unos cables y unos micrófonos, tan bien vestidas, haciendo gestos a unas cámaras. Ese será el disfraz de la mentira, imaginó aquella vez Jacinto, cuando escuchó los disparates que decían. Se acuerda de una rubia que se enojó y empezó a insultar al aire porque sus finos tacos se hundieron en un charco. Y nosotros qué tenemos que hacer, maldijo entonces Jacinto, los tenemos que matar a todos porque vivimos hundidos en la mierda.
Allá muy lejos volverán a sonar los estampidos de Navidad o del Año Nuevo. Pero Jacinto sólo pensará que es la policía que anda de ronda. Porque no sabe de felices.
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