Descanso y me canso viendo la futilidad, el esfuerzo por no existir, la mente vaciada…
Veraneo en el mareo, no hay pompas no hay nada, artificio extenuante de perdurar
Vuelan las olas del pensamiento pero caen en la arena, como cae todo y una nueva ola lo disuelve
Hay montañas de desaliento en el viento, por más que corramos, que inventemos amar en el mar
Mejor es estar en casa, haciendo lo de siempre, vaciándonos como la gente, envueltos sin locuras
Es lo mismo viajar, dormir la siesta, si todo nos parece igual y es la mente que detesta, la premura
Escribir en plena libertad, sin mordazas, disfrutando de la creación. Que las palabras puedan jugar entre ellas, aunque vayan a decirnos las penas.
martes, 28 de enero de 2014
Veraneo
Descanso y me canso viendo la futilidad, el esfuerzo por no existir, la mente vaciada…
Veraneo en el mareo, no hay pompas no hay nada, artificio extenuante de perdurar
Vuelan las olas del pensamiento pero caen en la arena, como cae todo y una nueva ola lo disuelve
Hay montañas de desaliento en el viento, por más que corramos, que inventemos amar en el mar
Mejor es estar en casa, haciendo lo de siempre, vaciándonos como la gente, envueltos sin locuras
Es lo mismo viajar, dormir la siesta, si todo nos parece igual y es la mente que detesta, la premura
sábado, 25 de enero de 2014
Cumplirías años
Hoy era tu cumpleaños, amigo, y no suena mi llamada en tus profundidades siderales
¿ Dónde andarás para soñarte? ¿Serás el incandescente habitué de azules estelares?
Te busco en el cielo despejado, en la magnitud de la nube vasta y hasta en la tierra
Es que tal vez estés agitado de risa pensando en que nos creemos tu adiós, y es la quimera
Haberse creído vivo pero todo es el mismo engaño y de nuevo andaremos por ahí del universo
Sin fecha, nostalgia, al fondo del ozono, en una galaxia, si es igual girar en tierra o fuera de ella
Mi mente te extraña pero mi corazón te acompaña ahí dónde iré a juntarnos para celebrar
Que nadie ha muerto si no hay olvido, y vos sos presente, canto y risa, y que los cumplas feliz, hermano mío.
lunes, 13 de enero de 2014
Tribulaciones de una noche de verano
La gente se amontona y dice que es feliz. Andamos en autos, trenes, camiones, aviones, globos y alas delta, en fórmula uno, motos, bicis, patinetas, todo para tratar de escapar y desmentir.
Mi gran amigo es el Che, de tal manera que mis enemigos son casi todos.
Cuándo vamos a ser francos para decirnos que la democracia es la ficción de un gran autor complaciente que recibió diez veces más por igual o menor sacrificio.
Trabajar justifica al hombre, dicen algunos. La verdad es que el trabajo como se lo entiendo desde antes y desde siempre, es la explotación del hombre por el hombre. Los que heredan de los que alguna vez robaron, los poderosos que roban, los empresarios, los funcionarios militares o civiles, los administradores, los eclesiásticos, los intermediarios, los políticos, todos esos no trabajan, viven de los que trabajan.
¿Cómo se hace para vibrar el amor siendo adulto? Es que hay quienes se conmueven de la misma manera que hace tanto. Pero hay otros muchos que envejecen como si fuera una obligación, como si la cautela fuera un seguro para que el camino rumbo al adiós no tenga complicaciones.
¿Hay alguien que no convivió con un animal? Pobre, se perdió un aprendizaje esencial.
Qué linda es la pelota. Patear, correr, jugar, gritar, festejar, sufrir, gozar, transpirar… Pero unas decenas de indecentes traficantes del deseo hizo añicos el sentido de correr de cara al viento, y le puso precio, y hoy se enferman muchos para que el negocio de la pelota les toque, con o sin ella.
Ya no se puede vivir en las ciudades. Nadie estará exento de corromperse si permanece hoy en una ciudad. Sea por el cemento, sea por la falta de horizonte y naturaleza, sea por el capitalismo afiebrado que incita a doblegarse con sus tantas caras.
Son mujeres imprecisas las que hablan de poesía. Lewis Carrol las encontró en Alicia. Hay un niña que acaba el secundario que no sabe y mira triste y mata con su piel que se deshace y rompe contra su vista azulada.
La grasa de las capitales no se aguanta más. Si alguien diría la verdad, reconocería que la TV fue hecha para soportar la convivencia en un mundo que se parte en los pedacitos de más canales.
Si uno aprendiera a vivir solo con la naturaleza sería suficiente. Pero la civilización ha creado el conflicto de visitarse.
Si uno pudiera amar sin presentir…
domingo, 15 de diciembre de 2013
La última fiesta
Tengo un beso, a quién dárselo. No es más que una sensación pero quiero estar de frente ante una piel. Y tomar la cara, y besarla, y entonces... y ya está… Abrazar, que sepas que te abrazo. ¿Hay amor? No hay a quien tocar, hay que ver, prender, aprender, encender, conectar, fluir, huir, no vivir. Demasiado. El capitalismo genera monstruos como yo. Te doy para que me des, haceme y te hago. Nadie tiene a quien quisiera. Hagamos alguna vez una última fiesta para decirnos que nos amamos sin amarnos.
última fiesta
Tengo un beso, a quién dárselo. No es más que una sensación pero quiero estar de frente ante una piel. Y tomar la cara, y besarla, y entonces... y ya está… Abrazar, que sepas que te abrazo. ¿Hay amor? No hay a quien tocar, hay que ver, prender, aprender, encender, conectar, fluir, huir, no vivir. Demasiado. El capitalismo genera monstruos como yo. Te doy para que me des, haceme y te hago. Nadie tiene a quien quisiera. Hagamos alguna vez una última fiesta para decirnos que nos amamos sin amarnos.
miércoles, 11 de diciembre de 2013
Cuento del día 11, del mes 12, del año 13
Dicen que auguraba un sabio de aquella extraña y remota civilización alada, que cada vez que ocurriera en cada siglo el fenómeno numerológico de que llegue el día 11 del mes 12 del año 13, ciertos caminantes de extremas latitudes del orbe sentirían un particular escozor. Sin saber que pudiera existir algo parecido a un país, y menos que se llamara Argentina, y menos que menos que hubiera una ciudad llamada irónicamente Buenos Aires, el sabio creía que determinados seres que habitaran por aquí en esta particular fecha, sufrirían sensaciones repentinas y en un instante podrían querer volar hasta alcanzar el pájaro más lejano, o estirarse para guardar algo de cielo en el bolsillo, o colgarse de gigantescas cuerdas nocturnas para jinetear sobre el cuarto de luna. Qué explicación podían tener estas actitudes, preguntaron los fieles oyentes que revoloteaban sobre el sabio muy cerca del suelo verde, donde descansaba el vidente sus majestuosas alas. Ese día del 11 12 del 13 –dijo el brujo- los va a incitar a que la escalera prosiga para que llegue pronto el 14 y más rápido el 15, y enseguida el 16, y así sucesivamente y con más urgencia para acabar de una buena vez con el año, que los tendrá hastiados, agobiados, desvencijados, y sin embargo también ilusionados. Porque aunque se comporten demencialmente, esas raras criaturas serán, su vida entera, fervorosos anhelantes de utopías.
sábado, 7 de diciembre de 2013
Once pisos
No tengo casi aire, la vista se me enferma con tanta pudrición del ego, en parlantes hablan o en televisión, son importantes, miden, célebres, ya está, basta, se acabó esta sociedad enferma, siempre lo mismo, el mismo ruido, autos por todos lados que trasladan confortable la muerte, motos de los nuevos esclavos, rápido va la muchedumbre, empujándose, sin tocarse...
Sin embargo tuve treinta segundos, un poco más, demasiado menos, de tu piel sedante, de tus envolventes ojos, del dolor dulce de saberte insuficiente para calmarme este dolor, para calmar eso que vas a ver cuando ya no seas esta combinación exacta de un conjuro de constelaciones. No aspiro más que a mirarte, tu inocencia en el abismo de las lágrimas me da el último sermón de la belleza ensayada. Casi que no puedo creer que sobrevivan almas así, en medio del incendio de los infiernos.
Se abre la puerta del ascensor. Ella se va y sonríe.
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