martes, 18 de enero de 2011

Con suerte

Todos tienen ambición, pero la piedra se acomoda levemente tras el nuevo sueño. Estamos hartos de estar hartos, porque de repente ya no es angelical ninguna cara. Nos hacemos de la corriente negra y vamos flotando entre náuseas que disimulamos. Cómo amar en medio de tantos. Si el calor, los ruidos, los humanos deshechos, nos promulgan el abandono.
Qué encanto el abrazo del aire. Qué sincera la amistad de los animales. Nacimos solos, y moriremos con suerte, abrazados a ellos.

martes, 4 de enero de 2011

Por ese beso

De repente se avergüenzan los celos
El infatigable olvido pide un descanso
Y demasiadas miserias se ponen serias
Hay un mantel florido en la mesa del espanto

La gente es buena y son ríos sucios un encanto
No existen traiciones, la vanidad está de feria
La muerte anda de entierros de sus parientes
La humanidad condena la insistencia del fracaso

Son niños los que nacen en cunas de algodones
La lluvia es un invento divino que lava cicatrices
El prójimo es un intento de mirarnos para adentro
Nadie llora el hambre, somos como somos: iguales

Y todo por la sonrisa y ese beso
Por saber de mí sólo un segundo
A mí le vida se me quedó en eso

Pero si te olvidas de volver a mirarme
El mundo estallará otra vez en pedazos
Y seré de nuevo habitante, de su reverso

martes, 28 de diciembre de 2010

Feliz año nuevo

Feliz año nuevo de desventuras. Se van acabando los recipientes de mi desgaste, pero mientras el mundo gira su lujuria del desguace. Ya casi no hay aire y celebramos con las copas bien altas nuestro cinismo. Nos amamos entre deshechos de apuros. Estamos hartos pero brindamos por la hipocresía extrema de creernos sensatos. Infaustas felicidades vendrán pero nos distraemos mintiéndonos por un sorbo de morbo. Asqueados a veces rodamos hasta matarnos. Pero entre sospechas de conjuros y frisos manchados en jugosos muros, nos arreglamos para la fiesta. Que de todas maneras está peor, por el hábito de tu ausencia.

martes, 14 de diciembre de 2010

Escribo para vos

Escribo sólo para vos, en mi calabozo. Y ella lee mi desgracia de desearla, son clavos en mi espalda que cada día te recuerdan. Escribo solamente para que seas la que me leas. Es el misterio de juntar esbozos dibujados de letras que tienen un efímero destino: mueren de pena tras tu lectura trajinada. Trato de seguirte con la débil belleza que me queda de algunos versos, para tu respuesta de nuevos amores que seguiré cada día esperando el naufragio. Entre tanto tus caídas y derrumbes, navegan mis palabras desesperadas por ser leídas en la controversia de tus ojos, que al enfrentarme me hieren, tan ausentes, pero que en mi ausencia anhelan estas letras que por fin lo digan todo y nada.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Que me bese

Tengo una rareza en la sangre. Pasan los años, las sangrías, los muertos, tanto fracaso querido, el desierto, el cuerpo mutilado, el deshecho, derrumbes cotidianos, pero mi sangre fluye, recorre, y sigue, alborotada. Soy capaz de levantarle la estima a la piedra, y al opuesto, esa mirada clara tan inasible sostenida por pieles incesantes. Sé que soy el destierro, pero vuelvo si eriza una poesía, y si un escote se hace cima al vislumbrase entre las rimas. Pero como siempre, el testigo del minuto que no para, cuenta que no es nada. Felicidad acabada soy yo. Reír es un minuto menos, llorar, lo mismo. Vamos del brazo con quien sea, pero que al llegar me bese.

martes, 30 de noviembre de 2010

Decoro

Desplante. Vaciar por fin la vida. Sacudirla de desprecios y de repetidos amores fallidos. Libre, el aire juega sin prejuicios por todo el cuerpo y a nadie hay que explicar. Romper palabras y gritarlas contra el muro de lo ausentes para sentir como antes, en los principios, cuando todo era vena y capricho, y hoy volver a ser demente pero los truenos, las bocinas y el desconcierto dejan solo. Está llena de distraídos la calle. Discuten, van y vienen, obedecen, engañan, repletan de billetes las cuentas, y cuando se acuerdan dan el diezmo de la limosna. Mercenarios de un paseo en coche venden hasta la vida.
Mientras tanto, la soledad que no es tal. Porque tan sin nada se zambulle desierta entre las estrellas de su noche, y el día, cada tanto, la somete a una flor, que no es tu aroma ni es la tuya, pero que me envuelve en el decoro, en mi poco.

martes, 23 de noviembre de 2010

A Isabelle Huppert (después de verla en Villa Amalia)

Fui a verte al cine, y diversas tramas coincidieron para que tú, Isabelle, me encontraras a solas. Abrieron para mí la sala, y yo golpeaba impaciente el suelo con mis tacos porque no debía prefigurar nada. Nada de trozos de filmes ni propagandas, nada de posturas ni lecturas de programas inútiles, nada de otra ensamblada pareja en el medio de otras parejas. Nada. Isabelle y yo. Yo en la sala sola y tú sola en el mar; yo solo mirando otra vez tu entrenamiento erótico del piano, mientras rodea la vejez y no se atreve a perforar la porcelana impasible de tu cara. Esa cara irrepetible, que a punto de deshacerse naufraga y revive en la hondura celeste de los ojos. Increíble Isabelle. Y yo que en mis apuros te creía casi muerta, en el desierto del descanso, en la vejez apurada y en la nada.
Vas dejando todo sin dejar, hundida en el mar sin morir, y abrazando la única piel posible para esos instantes en que te inflamas y nada de lo que te rodea puede alcanzarte. Flaco tu andar, y chueco de atrás, pareces una adolescente en dieta y no tienes nada y los tienes todo, y yo casi grito por atraparte cuando vas a fallecer, pero otras vez lo mismo, parece que te vas, que ya está, pero vuelves lacónica, tan bella y francesa.
Que no se acaben tus películas. Te amo. Y por fin nos dejaron solos.