miércoles, 22 de julio de 2015

Nadie

Que no me vean, no me persigan, no soy nada, nadie, quiero alejarme de lo que no soy.
Hay aguaceros de silencios que me arrinconan, hasta cuándo seré dolor, vacío, cada minuto perdido, yo sé que lo señalarán en mi próxima vida de hierba ausente, ignorada, pisoteada,
Es como ahora, no hay sentido para una vida así, hastiada en cada hora, sirviendo el buffet todo el tiempo de la melancolía.

No me deslumbra nada, ni siquiera el hartazgo. Vea a quien vea me vuelvo beodo sin beber, veo sin ver, estoy ciego de sentidos, nadie me ama y yo ya me olvidé.

miércoles, 8 de julio de 2015

mi amor adíós

Será cierto que la carne se descompone? Y la de ella, que fue cristal infinito, tenue, roto al romperse e igual fibroso,  ese nervio que enerva, la bella vena celeste, enjundiosa explotando de goce y después ya sé, el silencio, el olvido, la aprisionada calma. Yo te acompaño en el adiós, estamos demás los dos con los dos, debemos irnos, que por favor nadie nos encuentre. En medio de hielos desmoronados estará uno, en volcanes que crepitan bordeará el otro.

miércoles, 1 de julio de 2015

Cuando los libros se cansen de estar quietos

(De la serie Latidos Porteños) 

En Buenos Aires no amanecía. La gente con trabajo no sabía si salir a trabajar porque la noche no se iba. Se sentía la algarabía de los murciélagos en las terrazas de los edificios vacíos. Parejas de amantes volvían a brindar en la penumbra contínua. No salían los porteros a baldear, y los poetas se extendían en prosa. ¿Pero qué estaba pasando en la ciudad? En los medios ni se enteraban, absortos que estaban disputándose bajezas. ¿Pero es que no iba a volver la pereza de un nueva día, el desafío del espejo? ¿Y la soga que ciñe nuestra rutina? Porque la vida no será igual de noche siempre. No es lo mismo el sol que nos delata, que andar tentados en la sombra. Aparecerán donde nadie nos mire, caminos frondosos de oscuridad en los que amaremos más sin pedir perdón, y robaremos sin que nadie nos vea el pan que atraganta al rico. 
Desde las corporaciones mediáticas dirán a coro que no hay que creer lo que se ve y que ya es de día, que es una falsa alarma ya chequeada y que hay que salir a trabajar porque la Patria así se hace grande y el patrón también. Igual se venden sus diarios, se encienden sus radios y televisores, y las compañías telefónicas arman planes urgentes por si las dudas es verdad que no vuelve a amanecer, y nuevos celulares de pantallas infrarrojas salen a la venta en cuotas. 
Al poder concentrado le resulta oneroso que los días dejen de sucederse, y entonces de inmediato aparecen por todas partes escenografías con furiosos reflectores, en las que por ejemplo Marcelo Tinelli vocifera “!Buenos días, Argentina…!”. Desde un estudio cerrado recrean una nota falsa en la costa atlántica, y copiando mal un recurso fellinesco, se notará que el mar es de papel de celofán. Las autoridades policiales y de las fuerzas de seguridad, dirán que si la noche continúa, patrullarán las calles con más esmero, y un gobernador con aspiraciones pedirá bajar la edad de la imputabilidad al tiempo de la lactancia. Si es verdad que el alba se ha extinguido, propondrán que vuelvan a funcionar garitas en medio de las bocacalles, y policías fluorescentes aprovecharán para reordenar su propio tránsito: buscarán torcer el camino que conduce a la verdad sobre Luciano Arruga; la ruinosa arteria que quiere llegar a Julio López será definitivamente cerrada sin reparaciones, y la cortada que llevaba al vació eterno de Walter Bulacio, naufragará al fin tapiada de cemento macrista. Mientras, los curas enrejarán sobre las rejas sus parroquias fortalezas, por si los pobres, que duermen en sus veredas felices de seguir durmiendo, no vayan a despertar con hambre. Y las arcas de la curia desbordarán más de riqueza, vendiéndoles las velas de los santos a los feligreses que les van cortando la luz. No clarea pero los bancos abren igual y crean la noche de los bancos: como algunos no tienen qué hacer, una muchedumbre de incrédulos recorre las diversas plataformas en las que son esquilados. Un torbellino de equivocaciones empiezan a suceder. Hay quien besa por fin a la mujer equivocada, y dos hombres creen confundirse pero se van de la mano. La preocupación crece y más la de los muertos, que están más solos que nunca en cementerios cerrados. ¿Pero qué será lo que pasa?
De tan preocupados que andamos, nadie miró. El cielo se tapaba con miles de bibliotecas volando repletas. Nadie quería ver, nadie quiere leer. Algún día se iban a rebelar con tanto pensamiento adentro, algún día iban a volarse con tanto vuelo incesante apretado en anaqueles de polvo. Dios quiera que apenas sean sólo algunas las que andan volando en llamas: millones de letras encendidas podían entrar en combustión, dice un experto. Las tapas y contratapas se abren de par en par, las páginas se airean y dejan el amarillento olvido, los libros se hartaron de la quietud. Hay benditos que juran que se tragaron al mirar, alguna hoja desprendida. Serán a los que le ha vuelto el día.

sábado, 27 de junio de 2015

Darío y Maxi cruzaron el puente


Darío y Maxi venían por el frío más frío del sur desdichado. En sus juventudes impenetrables a fuerza de escarcha, marcharon por el horrendo junio de 2002 en busca de funcionarios empotrados tras las sordas paredes del poder. Querían por fin ser visibles, querían mostrar la mueca sin prensa del hambre, el rostro tan ignorado del abandono, la pancarta exacta que fosforecía en esas manos de magia: las letras de las palabras igualdad y justicia se separaban por una vez y volaban y se metían por los despachos y entorpecían el nuevo baile sobre las ruinas argentinas. En sus breves vidas, Darío y Maxi habían comprendido que el sufrimiento no es ajeno, que si el hombre tiene dos manos es para abrirlas al otro, y así abrazaron como pudieron el dolor de su gente, enfrentando en soledades heroicas el furibundo desenlace de la miseria.
Querían ver si detrás del puente latían corazones como los suyos. No podían creer, ni Darío, ni Maxi, que después de tantas muertes y represión, más ahogados los ahogados, en la gran ciudad los señores de punta en blanco seguían eructando la riqueza ajena. El helicóptero se llevó a uno, pero siempre quedan otros, que no se van ni se irán. Con la cara que sea, el sistema es inmutable. Cien para mí, cinco para vos, uno para el otro, y para ustedes, los Santillán y Kosteki, no hay ni habrá nada.
No los dejaron pasar el puente. Desde rosados sillones enviaron a esbirros azules a matarlos, con la inteligencia muerta del que mata a un inocente, a un desarmado. Así les allanaron el camino: Darío y Maxi desde entonces cruzan el puente cada día, van y vienen cada junio, se aparecen en cada plato vacío, en la condena de los que nacen sin cuna, en cada molido hueso que arrastra un carro, en los aromas de destierro de cada barrio pobre, ahí andan los dos haciendo su inmensa lucha que florecerá en charcos del olvido, y en medio de la mesa bien puesta de los señores bandidos.

martes, 2 de junio de 2015

Si cayeras


Mirá si ahora te levantás de escribir tanto en vano, y te caés para siempre y rodás en el final de tu soponcio  y vas pensando en el último segundo que hubo una palabra que no dijiste y ya es silencio.

Mirá si a tu corazón se le acaba el esfuerzo y te aferrás a la última coma como si fuera a salvarte el sonido de las palabras, que al final siempre se partieron de tan huecas, de tan inaudibles como tu propia voz

Mirá si se acaba tu porción de aire y como un pez en la arena balbuceás los últimos nombres, esos que creíste amar, y  aparecen jadeando a no salvarte las sirenas que te dieron sufrimiento en vez de ardor  

Mirá si tu mente está a punto de no encontrar sentidos, de abocarse al olvido y la nada, y te regala la última vez de sentirte vivo, y vos corrés hacia tu madre a que te cante de nuevo la mentira del mañana 

Mirá si la muerte pervertida te lleva al  final del sendero y en un abrazo fatal recuenta tu vida como apenas una leve brisa, y al develarse el inmenso vacío te susurra que ni los mejores dioses podrán reencarnarte  

Mirá si tu sangre te avisa que se va quedando sin viaje, que no ya no hay más pasión ni intento, que proteínas y células han completado recorridos, y vas a ser sólo el consumado espectro de haber sido

Mirá que el adiós de repente llega, que el olvido es un vecino ansioso y que no mentiste aún lo suficiente para que te lloren todos y no apenas una perra vieja, lamiendo el inútil papel de tu poema en blanco. 

jueves, 28 de mayo de 2015

Anochecer agitado de un joven macrista

-Hola, qué apurado salís…
-Se me hace tarde para ir a la oficina. Antes de subir al ascensor me pongo los auriculares porque así voy hablando por el celu con alguno de mis amigos, a ver qué pinta el finde.
-Pero saludá a esa vecina, y agradecé al señor que te abrió la puerta.
-Cuando suba al subte pongo el ipod, y abro la ipad, no me banco mirar a la gente que va con esa cara de culo.
-Che, dale unas monedas a ese pibe que canta, mirá qué bien que lo hace. Ah, no lo escuchás… pero lo ves y le estás sacando una foto…
-Me mando un Instagram, está buena la rubia que está al lado del pibe que canta, buena foto, la voy a subir a Facebook también… “La bella y la bestia” jajaja… Je, ya tengo tres me “gusta”…
-Pará un poco, en la esquina hay una concentración, averiguá qué es, están repartiendo volantes que explican, no desaires al que te lo da.
-Voy a mandar un tuit para que a nadie se le ocurra venir por acá, esto es un quilombo.
-Ya estás en tu oficina, compartí algo con tus compañeros. Qué se yo, qué hicieron anoche...
-Saludo a todos, allá está el jefecito, le sonrío, me lo tengo que ganar para que me dé un aumento, ni en pedo me saco las auriculares con música electrónica, es la mejor manera de pasarla acá adentro. Ya saben Rulo y Marcelo que hoy tenemos que sacar ese laburo. Anoche les wasapee unos ítems que faltaban.
-Pasaron las horas, ¿vas a almorzar? ¿Vas con tus compañeros?
-Es la hora del almuerzo… Me voy al gimnasio, aprovecho que el bono se me vence en una semana. Me como un poco de avena, después una gatorade, y listo. Pero le voy a mandar un sms al encargado para que me guarde mi máquina preferida.
-Podés leer algo mientras corrés…
-Mirá TN, otro robo más, ufff… Cuando vuelva a la oficina voy a mandar un mail a esa marca de puertas blindadas para que me pongan una en mi departamento. Además me dijeron que la podés monitorear desde la compu. Es que el morochito ése que se mudó al cuarto B no me gusta nada.
-Parece que hay problemas en tu empresa, hay asamblea.
-Mientras hablan toco todo el tiempo mi smarthpone, no puedo estar sin hacer nada.
-Ya es la hora de salir. ¿Arreglaste para verte con Mariana?
-Bueno, en un rato Mariana viene a casa… ¿Le habrá entrado la plata que le mandé a través de home banking? Ya le había enviado un wasap con el CBU de los japoneses para pagarle la cuenta mensual de sushi.
- ¿Se queda a comer y van a ver una película?
-Seguro que me va a enchufar en la laptop el pen drive con las fotos y el video del viaje de su amiga Maru con su nueva conquista de Internet. Pero yo quiero ver los siete capítulos de la serie yanqui que me bajé, la de la guerra con los zombies.
-Al final te saliste con la tuya. Te viste la serie. No pudieron hablar nada. Se quedó dormida.
-Mañana wasapeamos todo el día y vemos si hacemos algo a la noche.

La voz interior del joven también tuvo sueño. Y soñó que tal vez mañana despierten los dos.

sábado, 9 de mayo de 2015

Respuesta a los agravios de Gerardo Morel, integrante de la comisión interna entreguista de Clarín


Te molesta mi amor, mi amor de humanidad, como diría la canción de Silvio. Mi amor a la justicia, mi amor a la lealtad, a la igualdad. Te molesta, Gerardo Morel, mi inmodificable forma de entender todos esos valores morales. Te digo que me parece mal que festejes las repetidas mesas de diálogos con una empresa como Clarín que se está vaciando de personal. Y reaccionás diciéndome todo tipo de agravios. No me voy a quedar callado. 
Con mi partida del diario, somos más de 300 los periodistas que se fueron con este despido encubierto que es el retiro voluntario, desde que se conformó esta comisión interna entre aquellas oscuras tratativas que, vos conocés bien, Gerardo. ¿Hago memoria? Sólo podía funcionar una comisión interna dentro de Clarín si contaba con la venia de la empresa y por ende, de su penosa socia: la Unión de Trabajadores de Periodistas de Buenos Aires (UTPBA). A mí me despidieron y me indemnizaron en consecuencia, o pretendías como hacen ustedes que le perdonara a la empresa tantas obligaciones incumplidas con el personal. Y te explico por qué fue un despido, aunque me hubiera gustado que vos o algunos de tus compañeros me lo hubieran preguntado, porque la gente es obligada a irse y a ustedes ni se les mueve un pelo. Van a terminar haciendo sus tan esporádicas asambleas ante una redacción fantasma...
Me fui del diario porque también mantengo inalterable el sentido de la dignidad, lo que también te molesta, Gerardo. ¿Te acordás cuando en el 2000 hubo despidos masivos en Clarín? Yo estuve siempre y hasta el final junto a aquella verdadera comisión interna, que por algo jamás no recibió el visto bueno de Clarín, y tuvimos que votarla en la calle, en un camioncito en la vereda. ¿Te acordás? No le dieron oficinas como a esta comisión interna para votar y desempeñarse. ¿Qué raro, no? Y no olvido aquella última imagen: sólo Luis Ceriotto y yo bancando con aplausos desde la calle a los despedidos que aún resistían. Vos no estabas, Gerardo, vos hacía rato que habías abandonado esa lucha por los compañeros que si comprometía el pellejo. Mejor ni te recuerdo algunos de los comentarios que hacían de vos aquellos miembros de la heroica comisión directiva del 2000, cuando de repente ya no se te vio más que apoltronado en tu asiento de la sección Diseño de Clarín, donde hoy ostentás el confuso privilegio de ser el único sobreviviente de los últimos veinte años.
Vuelvo con el tema de mi partida. No me quedó otra, Gerardo, porque me querían obligar a hacer tareas cuasi administrativas. Y yo ya tenía 19 años en el diario pero cuarenta de oficio periodístico y no lo iba a permitir. A mí me venían acosando desde hacía mucho, justamente cada vez con más intensidad desde aquella defensa a rajatablas de los compañeros despedidos del 2000. Y me decís que nunca puse la cara con los de arriba… No tenés derecho. ¿Y por qué creés que venía congeladísimo desde hace tiempo? Le podés preguntar por ejemplo a Julio Marini, cuando me echó de Deportes siendo una de las principales firmas. Marini fue uno de los tipos que más periodistas hizo echar y no sólo de Deportes sino del diario. Y como no podía fallar, vos y los muchachos de esta comisión publicó un comunicado en su defensa cuando se fue del diario vaya uno a saber por qué facturas impagas en medios de las roscas de la conducción del diario. También, mientras la empresa incumplía e incumplía todos los penosos acuerdos paritarios que firmaba la UTPBA, en vez de enfrentar con firmeza tanto desprecio empresarial, la comisión interna sacaba un comunicado de repudio a Capitanich por romper un ejemplar de Clarín en una conferencia de prensa. Fue un apoyo furioso a la patronal en su pelea con el Gobierno. Increíble… Decir que fue otro acto bochornoso de esta comisión es poco. No te imaginás todas las voces de indignación que me llegaron. Como me llegaba diariamente de parte de compañeros la repetida frase: “esta comisión interna no existe, desde que está nos va peor”. Y claro: desde que asumieron se empezó a pagar el sueldo más tarde, el aguinaldo más tarde, y en los tres años o un poco más que lleva está comisión, se ha perdido casi un 50 por ciento del salario, por el otorgamiento de aumentos muy inferiores a la inflación. ¿Qué casualidad, no?
¿Y recordás cuánto tiempo estuvimos trabajando y reuniéndonos para que en Clarín hubiera otra vez comisión interna, después del brutal descabezamiento del 2000? ¿Y cuando todos parecíamos llegar a un acuerdo pero de golpe apareció gente extraña y aparecieron los de la UTPBA? Sí, claro, no habrás olvidado que unos traidores (algunos son compañeros tuyos en la comisión interna, otros, como dos hermanos, aprovecharon para acomodarse en la empresa) mandaron a perejiles a rogarme que me bajara de mi intención de ser delegado. Que ni la empresa ni la UTPBA iban a permitir la conformación de una comisión interna, si yo formaba parte de ella. Di el paso atrás con la promesa de que se armaría una comisión interna de lucha. Y en la última asamblea realizada en AGRA (Asociación de Reporteros Gráficos de la República Argentina) me di cuenta del espanto: la UTPBA tenía la lista de los integrantes que la empresa aprobaba.
Y después entonces llegó la entrega permanente, como ésta que me hizo reaccionar cuando la publicás como una hazaña en facebook, Gerardo, festejando de nuevo una reiterada mesa de diálogo con las autoridades de Clarín que indefectiblemente concluye en retrocesos para los trabajadores. Y como te molesta mi amor y mi verdad, saliste a agraviarme, a decir una mentira tras otra. Y te las dejé puestas en mi muro tres días, Gerardo, para ver si alguien te acompañaba, pero no, nadie. Pero ya está, ahora me empujás a decir lo que siempre quise y lo decía parcialmente para no hacérsela todavía más fácil a la empresa. Esta es mi respuesta a tu injuria, ahora que hace un año que otra vez abandonaste, como en el 2000, y te metiste de delegado junto aquellos compañeros que nos habían traicionado tres años atrás. Pero es el lugar más cálido de hoy en Clarín, sabés que tenés inmunidad gremial y no te pueden echar y jamás lo van a hacer, claro: por eso se renuevan a lista cerrada, no sea cosa que se infiltre alguien que se le ocurra enfrentar con decisiones firmes el gran vaciamiento humano y profesional de Clarín.
Ahora se juntan a dialogar otra vez con las autoridades del diario, a tomar café. Se te ve contento, Gerardo, a vos y al resto de los muchachos: no es para menos, ya no voy a estar para levantar la mano y decirles lo que son.