sábado, 1 de agosto de 2015

brevísimo adelanto de mi obra de teatro

...Mi memoria me permite recordar cada detalle de tu cuerpo, cada pliegue, conservo la foto de tu piel encendida. Tu amor fue el único paraje de dulzura que conoció mi vida. Me diste tanto en tan poco tiempo… Pero si la vida fuera solo amor no tendría  gusto el amor. 

domingo, 26 de julio de 2015

Caricia

Es el descanso

Tengo temores de la música 

Es el soborno del aire que por un rato nos convence

Aunque seamos tambor, temblor, ruido,  y al final desencanto, agonías con pobres melodías consecutivas.

Suena y vamos sin tiempo ante un brumoso y tibio despertar de un amor que no hubo.

Al fin, es nuestro desecho que no se tolera ver. 

Vamos cantando el sonido que no suena, 

Las voces nuestras parecen pasados, pesadas, pisadas, 

Es un engaño vivir, y vivir por una nota, por la caricia. 

Vamos en vano a respirar de nuevo, 

Debemos ser inconscientes del abandono, 

Nada se va a acabar sin saber porqué empezó.

Estamos así, tratando de acariciar a alguien.  

miércoles, 22 de julio de 2015

Nadie

Que no me vean, no me persigan, no soy nada, nadie, quiero alejarme de lo que no soy.
Hay aguaceros de silencios que me arrinconan, hasta cuándo seré dolor, vacío, cada minuto perdido, yo sé que lo señalarán en mi próxima vida de hierba ausente, ignorada, pisoteada,
Es como ahora, no hay sentido para una vida así, hastiada en cada hora, sirviendo el buffet todo el tiempo de la melancolía.

No me deslumbra nada, ni siquiera el hartazgo. Vea a quien vea me vuelvo beodo sin beber, veo sin ver, estoy ciego de sentidos, nadie me ama y yo ya me olvidé.

miércoles, 8 de julio de 2015

mi amor adíós

Será cierto que la carne se descompone? Y la de ella, que fue cristal infinito, tenue, roto al romperse e igual fibroso,  ese nervio que enerva, la bella vena celeste, enjundiosa explotando de goce y después ya sé, el silencio, el olvido, la aprisionada calma. Yo te acompaño en el adiós, estamos demás los dos con los dos, debemos irnos, que por favor nadie nos encuentre. En medio de hielos desmoronados estará uno, en volcanes que crepitan bordeará el otro.

miércoles, 1 de julio de 2015

Cuando los libros se cansen de estar quietos

(De la serie Latidos Porteños) 

En Buenos Aires no amanecía. La gente con trabajo no sabía si salir a trabajar porque la noche no se iba. Se sentía la algarabía de los murciélagos en las terrazas de los edificios vacíos. Parejas de amantes volvían a brindar en la penumbra contínua. No salían los porteros a baldear, y los poetas se extendían en prosa. ¿Pero qué estaba pasando en la ciudad? En los medios ni se enteraban, absortos que estaban disputándose bajezas. ¿Pero es que no iba a volver la pereza de un nueva día, el desafío del espejo? ¿Y la soga que ciñe nuestra rutina? Porque la vida no será igual de noche siempre. No es lo mismo el sol que nos delata, que andar tentados en la sombra. Aparecerán donde nadie nos mire, caminos frondosos de oscuridad en los que amaremos más sin pedir perdón, y robaremos sin que nadie nos vea el pan que atraganta al rico. 
Desde las corporaciones mediáticas dirán a coro que no hay que creer lo que se ve y que ya es de día, que es una falsa alarma ya chequeada y que hay que salir a trabajar porque la Patria así se hace grande y el patrón también. Igual se venden sus diarios, se encienden sus radios y televisores, y las compañías telefónicas arman planes urgentes por si las dudas es verdad que no vuelve a amanecer, y nuevos celulares de pantallas infrarrojas salen a la venta en cuotas. 
Al poder concentrado le resulta oneroso que los días dejen de sucederse, y entonces de inmediato aparecen por todas partes escenografías con furiosos reflectores, en las que por ejemplo Marcelo Tinelli vocifera “!Buenos días, Argentina…!”. Desde un estudio cerrado recrean una nota falsa en la costa atlántica, y copiando mal un recurso fellinesco, se notará que el mar es de papel de celofán. Las autoridades policiales y de las fuerzas de seguridad, dirán que si la noche continúa, patrullarán las calles con más esmero, y un gobernador con aspiraciones pedirá bajar la edad de la imputabilidad al tiempo de la lactancia. Si es verdad que el alba se ha extinguido, propondrán que vuelvan a funcionar garitas en medio de las bocacalles, y policías fluorescentes aprovecharán para reordenar su propio tránsito: buscarán torcer el camino que conduce a la verdad sobre Luciano Arruga; la ruinosa arteria que quiere llegar a Julio López será definitivamente cerrada sin reparaciones, y la cortada que llevaba al vació eterno de Walter Bulacio, naufragará al fin tapiada de cemento macrista. Mientras, los curas enrejarán sobre las rejas sus parroquias fortalezas, por si los pobres, que duermen en sus veredas felices de seguir durmiendo, no vayan a despertar con hambre. Y las arcas de la curia desbordarán más de riqueza, vendiéndoles las velas de los santos a los feligreses que les van cortando la luz. No clarea pero los bancos abren igual y crean la noche de los bancos: como algunos no tienen qué hacer, una muchedumbre de incrédulos recorre las diversas plataformas en las que son esquilados. Un torbellino de equivocaciones empiezan a suceder. Hay quien besa por fin a la mujer equivocada, y dos hombres creen confundirse pero se van de la mano. La preocupación crece y más la de los muertos, que están más solos que nunca en cementerios cerrados. ¿Pero qué será lo que pasa?
De tan preocupados que andamos, nadie miró. El cielo se tapaba con miles de bibliotecas volando repletas. Nadie quería ver, nadie quiere leer. Algún día se iban a rebelar con tanto pensamiento adentro, algún día iban a volarse con tanto vuelo incesante apretado en anaqueles de polvo. Dios quiera que apenas sean sólo algunas las que andan volando en llamas: millones de letras encendidas podían entrar en combustión, dice un experto. Las tapas y contratapas se abren de par en par, las páginas se airean y dejan el amarillento olvido, los libros se hartaron de la quietud. Hay benditos que juran que se tragaron al mirar, alguna hoja desprendida. Serán a los que le ha vuelto el día.

sábado, 27 de junio de 2015

Darío y Maxi cruzaron el puente


Darío y Maxi venían por el frío más frío del sur desdichado. En sus juventudes impenetrables a fuerza de escarcha, marcharon por el horrendo junio de 2002 en busca de funcionarios empotrados tras las sordas paredes del poder. Querían por fin ser visibles, querían mostrar la mueca sin prensa del hambre, el rostro tan ignorado del abandono, la pancarta exacta que fosforecía en esas manos de magia: las letras de las palabras igualdad y justicia se separaban por una vez y volaban y se metían por los despachos y entorpecían el nuevo baile sobre las ruinas argentinas. En sus breves vidas, Darío y Maxi habían comprendido que el sufrimiento no es ajeno, que si el hombre tiene dos manos es para abrirlas al otro, y así abrazaron como pudieron el dolor de su gente, enfrentando en soledades heroicas el furibundo desenlace de la miseria.
Querían ver si detrás del puente latían corazones como los suyos. No podían creer, ni Darío, ni Maxi, que después de tantas muertes y represión, más ahogados los ahogados, en la gran ciudad los señores de punta en blanco seguían eructando la riqueza ajena. El helicóptero se llevó a uno, pero siempre quedan otros, que no se van ni se irán. Con la cara que sea, el sistema es inmutable. Cien para mí, cinco para vos, uno para el otro, y para ustedes, los Santillán y Kosteki, no hay ni habrá nada.
No los dejaron pasar el puente. Desde rosados sillones enviaron a esbirros azules a matarlos, con la inteligencia muerta del que mata a un inocente, a un desarmado. Así les allanaron el camino: Darío y Maxi desde entonces cruzan el puente cada día, van y vienen cada junio, se aparecen en cada plato vacío, en la condena de los que nacen sin cuna, en cada molido hueso que arrastra un carro, en los aromas de destierro de cada barrio pobre, ahí andan los dos haciendo su inmensa lucha que florecerá en charcos del olvido, y en medio de la mesa bien puesta de los señores bandidos.

martes, 2 de junio de 2015

Si cayeras


Mirá si ahora te levantás de escribir tanto en vano, y te caés para siempre y rodás en el final de tu soponcio  y vas pensando en el último segundo que hubo una palabra que no dijiste y ya es silencio.

Mirá si a tu corazón se le acaba el esfuerzo y te aferrás a la última coma como si fuera a salvarte el sonido de las palabras, que al final siempre se partieron de tan huecas, de tan inaudibles como tu propia voz

Mirá si se acaba tu porción de aire y como un pez en la arena balbuceás los últimos nombres, esos que creíste amar, y  aparecen jadeando a no salvarte las sirenas que te dieron sufrimiento en vez de ardor  

Mirá si tu mente está a punto de no encontrar sentidos, de abocarse al olvido y la nada, y te regala la última vez de sentirte vivo, y vos corrés hacia tu madre a que te cante de nuevo la mentira del mañana 

Mirá si la muerte pervertida te lleva al  final del sendero y en un abrazo fatal recuenta tu vida como apenas una leve brisa, y al develarse el inmenso vacío te susurra que ni los mejores dioses podrán reencarnarte  

Mirá si tu sangre te avisa que se va quedando sin viaje, que no ya no hay más pasión ni intento, que proteínas y células han completado recorridos, y vas a ser sólo el consumado espectro de haber sido

Mirá que el adiós de repente llega, que el olvido es un vecino ansioso y que no mentiste aún lo suficiente para que te lloren todos y no apenas una perra vieja, lamiendo el inútil papel de tu poema en blanco.